Tuesday 17 de January de 2017

El fin de Ricardo Monreal

     7 Aug 2012 04:00:00

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Aún hay ingenuos de este mundo que buscan demonios en el cielo, en la otra vida (si es que la hay) cuando hay muchos que pululan por nuestras calles y callejones, suben al pódium, dan discursos que hacen llorar de tan cursis y viscerales, defienden la democracia como un psicópata gangster sus territorios, los votos como si pagaran las carísimas colegiaturas de sus hijos con donativos, deducibles de impuestos, a escuelas públicas.
Estos demonios acusan con el índice de corrupción a otros mientras preguntan a su asistente que les informen del saldo de sus cuentas bancarias para ver si sus favorecidos ya le depositaron, juegan a los demócratas, a los impolutos, más puros que el oro de Mazapil y más sacros que cualquier ángel que haya existido. El mayor de esta clase política, en Zacatecas, sin duda, se llama Ricardo Monreal Ávila.
Exdiputado del PRI, del PRD, ahora del PT, exgobernador de las izquierdas, exaspirante priísta. Exzedillista de hueso colorado, exdelamadridista a ultranza, exborreguista a muerte, ahora convertido en el "pejista" principal del ridículo con demandas legales que aparentan seriedad, sustentadas en supuestos. Monreal es la antítesis del estadista de izquierda mundial y el ejemplo a seguir de muchos que comienzan en las lides nacionales con la vieja consigna del que no transa no avanza. Un peleador de barrio bajo que se cree con el cinturón de oro del Consejo Mundial de Boxeo.
¿Pero si todos nacen (digamos cuando inician en las lides de la política) por qué se convierten en demonios? Por una razón, por la frustración que les dan sus incapacidades y la amargura de no poder lograr lo que se han propuesto. Los límites al que se refiere "El Principio de Peter". Ricardo Monreal buscó, al menos, pertenecer al grupo del poder en el Gobierno Federal pero sus intentos han sido en vano. Y ya no hablemos de su locura cuando se planteó, muy seriamente, hacia adentro de su equipo, ser Presidente de este país.
Ricardo Monreal tiene un estilo viejo de hacer política, rancio al hablar, con un aspecto que despierta inconformidades entre izquierdistas y más falso que una moneda de 2 centavos. Quien no lo conoce lo compra, como se compran tomatitos amarillos en el tianguis. Quien no sabe el camino de traiciones y venganzas que ha aplicado para ascender que se lo lleve de oferta.
El declive de su carrera ya comenzó desde hace más de seis años cuando terminó la gubernatura en Zacatecas (la peor de la historia) pero él no se ha dado cuenta. Que alguien se lo diga, le avise: “pss pss, señor, señor, está solo, usted ya no representa ni a sus vecinos, si acaso sólo lo siguen su fiel escudero Tomás Torres y sus carnales”. Por supuesto que lo seguiremos viendo en entrevistas, llenándose la boca cuando habla de honestidad, de corrupción, de democracia, de política, con el vacío de su fin, de sus últimas batallas. Tal vez cambie de partido, de grupo, pero Ricardo Monreal ya no da para más. Una lástima que un exgobernador zacatecano termine vestido de payaso.

*Periodista




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