Thursday 19 de January de 2017

El fin del mundo

     21 Nov 2012 04:00:00

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El fin del mundo es uno de los temas más socorridos en estos tiempos. Revelaciones, profecías y visiones anuncian realidades venideras y misteriosas. Algunas de ellas son catástrofes naturales, ya conocidas y tristemente experimentadas por muchos, como terremotos, tsunamis, inundaciones, erupciones volcánicas, etcétera; otras, en cambio, desconocidas como el Sol que deja de brillar, las estrellas que se bambolean, el universo que se conmueve, la lluvia de fuego que sobreviene.
Otros vaticinios hablan de lo que es producto de la actividad humana como guerras, disturbios, asesinatos, violencia; o bien, hambrunas, epidemias, etcétera. En pocas palabras, todo lo que en su historia la humanidad conoce, pero todo junto como manifestación de una sola realidad futura: la llegada del fin del mundo.
Como el tema atrae al público, las industrias de los medios no tardan en explotarlo con el fin de sacar jugosos beneficios económicos, aprovechándose de la dificultad que tenemos para distinguir entre ficción y realidad, o haciéndonos creer en una realidad inventada por ellos. Es increíble la capacidad mercadotécnica de los medios que hasta en el fin del mundo nos quieren hacer comprar productos y servicios para tener a salvo nuestros patrimonio y el futuro de nuestras familias. Te venden seguridad en un mundo lleno de inseguridad. Te aseguran el futuro cuando ya no habrá futuro.
Pero sí hay futuro. El género literario apocalíptico busca mantener firme la esperanza en un mundo en crisis, apunta hacia un porvenir  mejor. Sus visiones no valen por sí mismas, sino por su fuerte carga de un simbolismo religioso en su origen.
El visionario interviene en nombre de Dios y quiere ayudar a sus contemporáneos a vivir plenamente el presente, interpretando los acontecimientos actuales, que se desarrollan conforme a un plan divino; y si se interesa por el futuro es en cuanto éste da sentido al presente y sostiene la esperanza, recordando a los oyentes la meta a la que se acercan: habrá un Cielo nuevo y una Tierra nueva.
Los apocalipsis tienen su valor, no como televisores del futuro, sino como estímulo para crear un mundo mejor, invitando a mantenerse en una esperanza activa. Pero tienen su peligro, son visiones pesimistas del presente, como si todo estuviera gobernado por el mal, como si sólo hubiera que esperar que un poder divino venza ese poder e instaure un reino de luz, sin que nosotros asumamos un compromiso con la historia.
Los anuncios del fin del mundo pueden ser fácilmente usados por líderes pseudo-religiosos que aparecen por ahí con su poder manipulador, o pueden ser despojados de su sentido auténticamente religioso en este mundo secularizado y en vez de ser un mensaje de esperanza, convertirse en motivo de temor. O pueden convertirse simplemente en un producto de consumo en este mundo donde todo sirve como fuente de posibles ganancias.

*vhgutierrez@prodigy.net.mx




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