Thursday 19 de January de 2017

El fin del mundo

Cartas desde el exilio

     17 Dec 2012 04:00:00

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La ciénaga mística siempre actúa como un excelente caldo de cultivo para las profecías más disparatadas y triviales. Se comprende que existan personas asqueadas del actual mundo sin ganas de participar en acciones para cambiar ese tufo negativo que olfatean de manera constante. Acaso los reiterados procesos de desencanto pudiesen haber afectado a aquellas almas hasta abismarlas en estados de exasperante angustia e intolerable desesperanza.
En situaciones extremas, es entendible que la inteligencia se obnubile y la voluntad se desmorone, dejando un vacío inconmensurable que sólo un potente prejuicio o una robusta creencia podrían colmar. Cuando el pesimismo adviene, el callejón sin salida tiende a transformarse en metáfora metafísica: una suerte de pantalla negra cósmica o un imponente e imbatible laberinto.
Guiados por aciagos humores, mujeres y hombres son susceptibles de convertir en signos apocalípticos las percepciones negativas que sus propios espíritus han creado. Mucho más cuando intervienen extáticos merolicos que anuncian la inevitable catástrofe planetaria. Es verdad que siempre han existido cretinos y desalmados, pero hoy los agitadores de los sentimientos son en realidad mercaderes de la desgracia, han convertido en mercancía sus arrebatos visionarios porque saben que lucrar con el dolor, el resentimiento y las calamidades deja mucha plata para ser disfrutada en este mundo del que ellos sí gozan sin reparos.
Venden desazón y ritos fúnebres como pócimas contra la tragedia y el sufrimiento cotidianos. Los modernos pitonisos aluden a culturas que desconocen porque su pereza es monumental y la ignorancia suya es cósmica. Ahora le ha tocado el turno a la civilización maya, pobrecilla, tan luminosa y contradictoria, al mismo tiempo. Sin rubor alguno, estos botarates le atribuyen descocadas predicciones que en realidad han sido procreadas por las leyes del mercado editorial y mediático para incrementar el peso monetario de las alforjas suyas.
De pruebas documentales, arqueológicas o científicas, nada. Lo suyo es convertir placebos en medicamentos, espejitos en vitrales, falacias en verdades, ocurrencias mercantiles en “bestsellers”. Vamos, están en sintonía con las veleidades del espectáculo moderno y la razón calculadora, que no repara en la naturaleza de los medios, ni en la purulencia de los fines. Como tampoco lo hace en los efectos indeseables que podría ejercer sobre aquellos ciudadanos aquejados por la melancolía y la depresión.
Dejemos a los merolicos fangosos hablando al aire y consagremos la vida y lo que ésta representa. Hagamos un crítica despiadada del mundo, pero imaginando formas posibles de habitación armónica de la existencia.

*Miembro del Sistema Nacional de Investigación
consolovin@hotmail.com




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