Thursday 19 de January de 2017

El fin glorioso del coronel

Los días del Bi-100

     17 May 2011 03:20:00

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Después de atacar varias comunidades del estado (febrero-mayo de 1911), el coronel revolucionario José Luis Moya llevó a los insurrectos al territorio del estado de Durango.
En el mineral de San Juan de Guadalupe estableció su cuartel general; lo hizo junto con las fuerzas duranguenses de Martín Triana. Ambos controlaron las vías ferroviarias que comunicaban con Coahuila.
Hasta entonces, la labor política de Moya era un éxito: atraía prosélitos armados y debilitaba a las autoridades. En lo militar sólo iba en ascenso.
Al comenzar mayo, cuando la revuelta iniciaba un apogeo nacional, Moya reemprendió los ataques a comunidades de Zacatecas.
El 7 de mayo de 1911, desde la hacienda de Zaragoza, pidió la entrega de la ciudad de Sombrerete.
Rechazada la solicitud, el coronel dispuso atacar la ciudad minera. En esta acción fue auxiliado con el contingente de 300 hombres de Triana.
Sombrerete, después de que fue asaltada la capital del estado (abril 9), se convirtió en un pueblo de frontera militar que tuvo los elementos suficientes para repeler la incursión de insurrectos.
En esta ocasión, el lugar estaba defendido por tropas federales del 11 Regimiento, fuerzas de seguridad del estado y un cuerpo de gendarmería.
Sus comandantes eran el coronel Fernando Trucy Aubert, el capitán Natividad del Toro y Toribio Zúñiga.
El ataque de los insurrectos comenzó la tarde del lunes 8 de mayo. Terminó en la mañana del martes.
El enfrentamiento fue brutal. Los revolucionados dinamitaron varios edificios donde la resistencia se mantuvo.
Por su parte, los leales al régimen no cejaron, sino hasta notar que la lucha estaba adentro de la ciudad.
Entonces anunciaron su retirada.
En el transcurso de la ocupación de la ciudad, que no fue con orden ni ceremonial triunfante, el coronel Luis Moya fue asesinado por uno de sus soldados, Pablo Méndez, quien a su vez fue fusilado el 20 de mayo.
Conducido el cadáver de Moya a la ciudad de Nieves, en su cementerio lo depositaron. Pero la lejanía no impidió que se convirtiera en la primera gloria heroica de la gesta revolucionaria.
Así lo definió una junta de vecinos del mineral. Además promovieron erigir un monumento en el sepulcro del “mártir” revolucionario. La propuesta la hicieron al mes que falleció.
Ramón López Velarde, un año después escribió: Moya fue un hombre con “talento, valor y probidad, y murió a tiempo para no ver la degradación moral de casi todos sus colegas” revolucionarios...
*Historiador y profesor
universitario




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