Thursday 23 de March de 2017

El llamado de Jesús a los hombres para convertirse, seguirlo y participar en su misión salvadora

El Día del Señor

     22 Jan 2012 03:40:00

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Jesús llamó a sus discípulos a ser pescadores de hombres. (Cortesía)
Jesús llamó a sus discípulos a ser pescadores de hombres. (Cortesía)

INTRODUCCIÓN
El tiempo ordinario y sus celebraciones eucarísticas, nos hace descubrir la persona de Jesús en su actividad para anunciar la llegada del Reino de Dios, muy próxima, adhiriéndose a su Persona y participando de su misión como obediencia total e incondicional a la voluntad del Padre eterno, quien no desea la muerte de sus hijos adoptivos, sino que por la conversión del corazón dejando las obras muertas del pecado, cumplan esa voluntad, cambiando radicalmente su vida y renovándola con la fuerza y la gracia de Dios.

DIOS POR CRISTO NOS LLAMA A LA CONVERSIÓN DE NUESTROS CORAZONES
La invitación divina a la conversión, a cambiar nuestra vida al encontrarnos personalmente con su Hijo hecho hombre, reorientando nuestros pasos con el fin de ir hacia donde Dios está y nos indica, constituye el centro de la primera lectura y obispo emérito de Zacatecas del evangelio, que hoy leemos.
Cristo, nos hace saber que el Reino de Dios como tema y tarea centrales de su presencia y predicación, es lo esencial en orden a nuestra salvación y liberación de las insidias del demonio y trascender los límites pecaminosos de nuestra pobre naturaleza humana, inclinada siempre al pecado y al egoísmo, que rechazan el llamado de Dios para participar de su gracia, amistad y gozo.
Dios nos llama a una vida renovada y feliz, más allá del pecado y de todo aquello que pueda separarnos de su designio de redención y salvación.
 El evangelio de hoy nos dice: “Después de que arrestaron a Juan el Bautista, Jesús se fue a Galilea para predicar el Evangelio de Dios y decía: Se ha cumplido el tiempo y el Reino de Dios ya está cerca. Conviértanse y crean en el Evangelio”.
La primera lectura nos habla de la conversión que los habitantes de la ciudad de Nínive llevaron a cabo con la predicación del profeta Jonás por mandato del mismo Dios. Tal invitación de Dios a los hombres, tuvo respuesta total e inmediata en los primeros discípulos de Jesús, quien al pasar delante de ellos a orillas del mar de Galilea, dejando sus familias y trabajos de pescadores, se fueron en su seguimiento para ser desde entonces “pescadores de hombres”. Estos primeros discípulos y seguidores de Cristo, eran dos parejas de hermanos: Simón y Andrés y los hijos del Zebedeo, Santiago y Juan.
 
¿QUÉ NOS DICEN ESTAS VOCACIONES A LOS HABITANTES DE NÍNIVE Y A LOS PRIMEROS SEGUIDORES Y DISCÍPULOS DE JESÚS EN ESTE MOMENTO DE NUESTRA EUCARISTíA DOMINICAL?
Captemos algunas características que distinguen a estas vocaciones que hace el Señor:
· Estas vocaciones se dan en los lugares donde viven las gentes. Allí donde se desarrolla la vida cotidiana del trabajo, la convivencia familiar y el ambiente socio cultural.
·Jesús llama en medio de lo que uno hace, en el silencio, en la oración, en la apertura del corazón a su palabra que se hace sentir en el fondo del alma de manera irresistible.
·La manera como Jesús llama a los hombres es directa, cercana y muy familiar. Se acerca con proximidad personal, íntima e inédita. Mira con amor y quiere la respuesta a ese amor en libertad y sin coacción.
· Jesús llama, en primer lugar a seguirlo para luego dar parte en su misión redentora.
·Para realizar el llamamiento del Señor, lo que importa es permanecer con él; estar con él, abrirle el corazón con confianza, lo demás será consecuencia de este encuentro interpersonal, entre Jesús y los hombres.
·Tanto en la vocación a los habitantes de Nínive para que dejaran su mala vida, como en el llamamiento a los primeros discípulos, las respuestas para cumplir la voluntad divina y la elección que hace de sus seguidores, fue inmediata, sin plazos y sin condiciones.
 
CONCLUSIÓN EXHORTATIVA
Revisémonos ahora para ver en qué estado nos encontramos ante Cristo que nos llama. En el seno de las obligaciones familiares. En el mundo de nuestros trabajos y ocupaciones de cada día; en el ambiente social, favorable o desfavorable; en salud o enfermedad; en el desamparo y la desilusión; en la soledad que mata y en la comunicación gozosa con los semejantes.
Hoy en un mundo violento e inseguro, responder a Jesús que nos llama a seguirlo y a participar en la instauración y expansión de su Reino, es oportunidad única e irrepetible que como gracia inmerecida se nos da. Pero sobre todo en el silencio de nuestras almas, cuando hacemos oración como necesidad insustituible para oír la voz de Jesús que nos llama a ser sus discípulos y pregoneros de su Reino de fraternidad.
¡Cuando ahora en nuestra Eucaristía recemos el Padre Nuestro, conscientes de lo que oramos como el Señor Jesús nos enseñó, estemos dispuestos para ser seguidores y heraldos de su Evangelio y de su amor sin fronteras!... ¡ Que así sea!.
 
*Obispo Emérito de Zacatecas




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