Monday 16 de January de 2017

El mensajero de la melancolía

     12 Mar 2012 03:30:00

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Murió el 21 de enero pasado el notable escritor siciliano Vincenzo Consolo, narrador experimental que no tuvo una difusión adecuada en tierras latinoamericanas, especialmente en México. Estuve secretamente unido a él durante mucho tiempo porque realicé mi tesis doctoral sobre un tema que atraviesa toda su obra: las relaciones entre historia, mito y memoria.
Tuve la fortuna de conocerlo personalmente en Salamanca, España, durante un coloquio organizado por la universidad de aquella ancestral ciudad con el propósito de estimular el diálogo entre 13 escritores italianos y la comunidad académica iberoamericana interesada en la literatura del país mediterráneo. Charlé un poco con este espléndido narrador al cobijo de un milagroso vacío que se abrió en su apretada agenda.
Le dio gusto saber que tenía lectores en México, sobre todo porque era un escritor marginal que por voluntad propia se aislaba con frecuencia de la vorágine del mercado editorial para publicar sólo cuando tenía algo interesante que decir. Despreciaba el mercantilismo cultural y los modelos homologados de la cultura del best-seller. Acaso por ello, afirmaba que la novela histórica era un género decadente y, por tanto, impracticable.
Sólo en apariencia podían clasificarse sus narraciones como históricas, ya que en esencia practicaba una escritura poética, en la que se privilegiaba el carácter expresivo del lenguaje, más que la trama novelesca. Heredero de Pasolini, Consolo practicó la impostura realista sin abandonar los territorios de la experimentación lingüística. Sus poemas narrativos se remontaban a la tradición clásica, pero eran tocados por la alquimia de la escritura suya, siempre abierta al diálogo con el pasado y desafiando al mundo contemporáneo que le tocó vivir.
Algunos críticos literarios lo bautizaron como “El mensajero de la melancolía”, por aquel irónico pesimismo que anidaba en su espíritu y que lo llevó a pensar el discurrir histórico bajo la figura de una espiral animada por un exasperante movimiento helicoidal. Mediante esta concepción del tiempo, Consolo negaba el optimismo progresista de la modernidad y revelaba la posibilidad objetiva de regresar a estados de barbarie, como ocurría con frecuencia en Italia, pero más acusadamente en Sicilia, donde la mafia y la corrupción política reinaron durante décadas.
Luchó siempre por conquistar la armonía social, aunque sabía que jamás se lograría el objetivo. No fue ingenuo, como tampoco un dogmático de izquierda. Creía en la libertad y en la fuerza revolucionaria de las pulsiones culturales. Poseía una actitud cívica poderosa, muy semejante a la de Leonardo Sciascia. Criticó a los potentados, los abusivos y los criminales. Sobresalientes son en este sentido “De noche, casa por casa” (Muchnik: 1993) y “El Pasmo de Palermo” (Debate: 2001). Descanse en paz.

*Miembro del Sistema
Nacional de Investigadores




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