Thursday 19 de January de 2017

El movimiento estudiantil de 1968 y el relevo generacional

     28 Sep 2012 04:00:00

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El 2 de octubre próximo, se cumplirán 44 años del genocidio perpetrado por el gobierno mexicano que llevó a la muerte a cientos de estudiantes y provocó infinidad de desaparecidos. A 44 años de la barbarie, la generación que conoció los hechos, o que tuvo referencia de ellos, pareciera haberlos olvidado; en tanto que las siguientes mostraron una indiferencia tal que era motivo de desesperanza.

Indudablemente que México no es el mismo antes que después de 1968. El movimiento fue un parte aguas  que tuvo consecuencias jurídicas, políticas, económicas y sociales que no han sido analizadas a profundidad.
Anterior a 1968, en plena guerra sucia; el régimen de partido de estado, autoritario y represivo, impedía cualquier manifestación pública que no fuera del agrado del sistema político y ejercía un control absoluto sobre los procesos electorales a través de la Secretaría de Gobernación. Los ciudadanos eran espiados y encarcelados o desaparecidos por atentar en contra del régimen priista, acusados de cometer el delito de disolución social.
El delito de disolución social fue integrado en 1941 a los artículos 145 y 145 bis del Código Penal Federal siendo presidente Manuel Ávila Camacho: como una medida emergente para proteger la soberanía nacional de disturbios que pudieran ocasionarse en plena segunda guerra mundial, se dijo en la exposición de motivos. Luego, el texto permaneció intocado, por así convenir al régimen, hasta que la generación del 68 luchó por su derogación y lo logró, no sin un alto costo en vidas y en libertades.
El tipo penal sancionaba a cualquiera: mexicano o extranjero, “que en forma hablada o escrita, o por cualquier otro medio realice propaganda política… Difundiendo ideas, programas o normas de acción, que perturben el orden público o afecten la soberanía del estado mexicano”.
Luego vino la reforma al artículo 34 de la Constitución Federal, a fin de disminuir de 21 a 18 la edad para ser considerado ciudadano con derecho votar y ser votado y otros derechos civiles. Con ello la modificación al artículo 10, para restringir la libertad de poseer armas, por el derecho regulado a través de una ley. La Federal de Armas de Fuego y Explosivos que no existía. Luis Echeverría, Secretario de Gobernación en 1968 y luego Presidente, fue el impulsor de ambas.
Se acabó el mito del Presidente, se realizaron algunas reformas democratizadoras en materia electoral, se amplió el margen de libertad de expresión y participación en el debate sobre los problemas nacionales, surgió el pluripartidismo y fuimos testigos de una alternancia fracasada. Con todo, como dijo Rosalía Vergara hace cuatro años: “Hoy 40 años después, sumida en la orfandad política, la izquierda mexicana anda en busca de su identidad.”
Hoy, 44 años después, los sectores más retardatarios incrustados en la Presidencia y en el Senado de la República, así como en la Cámara de Diputados, avanzan en su estrategia de derechización: La adopción de la Teoría de Seguridad Nacional de los Estados Unidos y, con ello la militarización y el espionaje; la entrega de los recursos estratégicos a las grandes empresas y el retroceso que significa la aprobación de la propuesta de Felipe Calderón en materia laboral son ejemplos palpables.
Nuestra entidad no está exenta de la aventura de la derecha incrustada en la Sexagésima Legislatura: el decreto que reforma y adiciona la Constitución del Estado, para hacer negatorio el derecho de los ciudadanos al Plebiscito y al referéndum, al elevar a rango superior el requisito de obtener un porcentaje mayor al 50% del padrón electoral (más de 500 mil ciudadanos) para que el resultado de la consulta sea vinculatorio y obligue a las autoridades, es francamente una burla. La negativa de incluir en el decreto las candidaturas independientes es impedir el avance democrático y el trato dado a los jóvenes del 132, es un agravio a los sectores con más claridad y limpieza ideológica. La supresión de regidurías sin más argumento que el dinero, es ver la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el propio.
El relevo generacional que sustituirá al del 68 en su idealismo, su alteza de miras y su energía, entregada sin condicionamientos para lograr el cambio democrático que el país necesita, está presente en el movimiento Yo soy 132.
El horizonte es muy amplio. La Reforma de Estado tan anhelada bien vale el esfuerzo: una nueva constitución que recupere la visión ontológica de la justicia social que sentó sus bases en lo que fue la Primera Constitución Político Social del Mundo y orgullo de los mexicanos.
No se descarta la lucha contra la corrupción y, para ello: la autonomía estructural, técnica y financiera de las procuradurías de justicia, acompañadas de un nuevo esquema de fiscalización, autónomo y con funciones jurisdiccionales, que incluya en la mira  a las legislaturas federal y las de las entidades, así como a los partidos políticos y a los candidatos a puestos de elección popular.
En fin, son muchas las tareas que esperan al relevo generacional, a quienes acompañarán, sin lugar a duda, todos los mexicanos comprometidos con el cambio.

*Profesor universitario




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