Wednesday 18 de January de 2017

El Museo de Louvre

     16 Jun 2012 04:00:00

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La riqueza patrimonial de este recinto se conserva en un impresionante conjunto de edificios, que le ha valido al museo el renombre de ser “el más grande del mundo”, pero además, el Louvre es una obra arquitectónica excepcional, un monumento que toma forma a lo largo de ocho siglos de una complicada historia, a veces trágica, que coincide con la Francia y sus soberanos.
La historia arquitectónica de este lugar comienza como fortaleza medieval a finales del siglo 12, cuando Felipe Augusto mandó construir un imponente torreón circular rodeado por una muralla con torres y dos edificios en la esquina suroeste con el fin de proteger París de los posibles ataques del enemigo inglés en un lugar llamado Lupara, de donde procede la palabra “Louvre”, que tantas hipótesis etimológicas ha suscitado; de ellas la más pintoresca es que antiguamente decían que era una lobera.
Esta construcción con el paso del tiempo sirvió de prisión, arsenal y con Felipe IV El Hermoso fue depósito del tesoro real.  Finalmente Carlos V, después de haber edificado una muralla alrededor de París, lo establece como su residencia. Raymond Du Temple se encargó de acondicionarlo y de exaltar el poderío real. Le aportó el confort y lujo que le faltaba, hizo más altos los edificios y en los dos nuevos comunicados por una gigantesca escalera de caracol abrió grandes ventanales y los decoró con grandes frescos. Desafortunadamente la elección del Louvre como residencia real fue efímera: Francia comenzó a vivir décadas de disturbios, conflictos civiles, etcétera. Dichos sucesos obligaron a los reyes a abandonar París e instalarse en el Valle de Loira o en la región de Ile-de-France.
Dentro del renacimiento del palacio pasaron personajes como Enrique II, Carlos IX y Catalina de Médicis. Finalmente para el palacio, el reinado de Felipe IV, aunque muy corto, fue decisivo en la historia de este inmueble, ya que gracias a este monarca que anhelaba consolidar a París como centro político e intelectual de Francia, se debe el deseo de enlazar el Louvre con las Tullerías. Desafortunadamente, asesinado en 1610, Enrique IV no pudo ver su gran proyecto realizado, pero su hijo Luis XIII asumió la continuación del plan. La obra la continuó Luis XIV. Se concursó la fachada y las obras de construcción obligaron a la corte a trasladarse a las Tullerías, renovadas en 1666.
A finales del siglo 18, el palacio, desde hacía tiempo desalojado por los soberanos, inacabado y sin  techos en algunas partes, se dividió en talleres y viviendas donde habitaban artistas mezclados a una población heteróclita. Las décadas de inestabilidad política posteriores no fueron propicias para obras arquitectónicas de vanguardia. A pesar de esto, Napoleón I hizo intento de reanudarlas, este sólo pudo erigir el arco del triunfo. Medio siglo después Napoleón III le dio al Louvre las dimensiones que tiene hasta hoy.
Debido a las sucesivas ampliaciones, los edificios fueron objeto paralelamente de importantes remodelaciones interiores. En un principio destinadas a exaltar la gloria de los monarcas y posteriormente se orientaron a enaltecer las obras de arte conservadas en el inmueble. Esta firme voluntad conoció su apoteosis en el siglo 20 con el proyecto del Grand Louvre, lanzado en el 81 por François Mitterrand y cuya manifestación material más espectacular la constituye la pirámide de cristal situada en el patio Napoleón claramente contemporánea. Esta obra amplió el museo y mejoró el ingreso  a sus visitantes.
El museo abrió oficialmente sus puertas en medio del tumulto de la Revolución Francesa el 10 de agosto de 1793. Desde 1768 el Marqués de Marigny, apoyado por escritores y filósofos de Las Luces, había sometido a Luis XV un primer proyecto para exponer las colecciones reales en la gran galería. El proyecto rechazado entonces fue retomado y ampliado por el Conde de Angiviller que con el fin de crear un “museo” realizó el inventario de las colecciones reales guardadas en el lugar, además de hacer adquisiciones y restaurar cuadros.
Como es de esperarse el proyecto pasó por dificultades financieras. Afortunadamente desde 1791 se formó una comisión de artistas para preparar la apertura del museo. Con el tiempo se fueron añadiendo las requisas realizadas en los países bajos, Italia y Alemania durante las guerras napoleónicas. Nuevamente bautizado como Museo Napoleón en 1803, el Louvre ofrecía un conjunto excepcional de obras maestras en las salas renovadas para mostrarlas. Como dato adicional, comento que la Venus de Milo llegó al museo en 1821.
Gracias a donaciones y adquisiciones, el museo se enriqueció en las décadas siguientes, hasta que se hizo necesaria una nueva distribución de las colecciones para darles mayor coherencia. Hoy con un total de ocho (antigüedades orientales, egipcias, griegas, etruscas y romanas; artes del Islam, pinturas y esculturas, objetos de arte, artes gráficas y artes de África, Oceanía y las Américas) se presentan al público cerca de 30 mil obras. Cada departamento posee en sí mismo la riqueza de su propia historia.
Después de esta breve historia, la recomendación es documentarnos de los lugares en el mundo que tienen esta clase de tesoros. No necesitamos estar presentes para saber su acervo y sus riquezas. Hasta la próxima.

*Presidente de la Asociación Mexicana de Hoteles y Moteles de Zacatecas (Amhmzac)
rmunozc1970@hotmail.com

 




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