Saturday 21 de January de 2017

El otoño de la vida

     14 Nov 2012 04:00:00

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Estando en pleno otoño viene a la mente el simbolismo de las estaciones y el paso de una a otra. Su sucesión simboliza el ritmo de la vida, las etapas del desarrollo: nacimiento, formación, madurez y declive; ciclo que se aplica tanto a cada ser humano como a las civilizaciones. Simboliza el mito del eterno retorno y la alternancia cíclica del empezar de nuevo.
El otoño es tiempo de cosecha, recompensa del fatigoso trabajo campesino y fruto del conocimiento aplicado al gobierno de la naturaleza.
Al otoño estaba asociado Dionisos que presidía el culto a la vid en la cuenca del Mediterráneo. Con el mito de la muerte y renacimiento de este dios, los antiguos expresaban la correspondencia entre la primavera y el otoño, estaciones equinocciales, símbolos de la muerte y del renacimiento.
Dionisos, divinidad compleja en su significado, condujo a su madre (la tierra) de los infiernos al Olimpo, por eso se puede pensar que él quiso abrir a todos los hijos de la tierra el acceso a la inmortalidad.
En la iconografía occidental el paisaje otoñal aparece como alegoría de la vejez y de la proximidad de la muerte (invierno). Algunos atributos representativos del otoño que aparecen en el arte son racimos de uva, cornucopias, liebres, signos todos de cosecha y abundancia; la balanza que representa el equinoccio es signo de equilibrio; y la edad madura que representa la vejez y la cercanía de la muerte.
Con la vejez llegamos al otoño de la vida. Triste realidad en un mundo que idolatra la eterna juventud y en el que, paradójicamente, el número de adultos mayores aumenta considerablemente. Las sociedades se van avejentando.
Algunos contemplan esta realidad como señal de alarma para los gobiernos, algo comprensible si la vida humana sólo se valora desde la perspectiva del dinero, según la cual vales sólo si eres productivo, si no, te conviertes en una carga y en un problema social.
A veces la expresión “estar viejo” adquiere un sentido despectivo, como si la vejez sólo fuera el apéndice de la juventud y una desgracia.
Pero el otoño nos recuerda la belleza de esta etapa: tiempo de cosechar con alegría lo que se ha sembrado con fatiga y gozar con su abundancia; tiempo en que pasados los ardores de la juventud y los compromisos de la edad adulta, se adquiere un equilibrio en la vida; tiempo en que se contempla la cercanía de la muerte y nos preparamos para ella, cada quien desde la perspectiva con la que ha vivido su vida: como el final de todo, o como la esperanza de un renacimiento o resurrección.

*padrefelix98@hotmail.com




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