Tuesday 24 de January de 2017

El pasodoble torero

De toros, vinos y algo más

     9 Jan 2011 01:17:28

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(ARCHIVO)
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“Un vaso de vino añejo da alegría, fuerza y buen consejo”

Hace algunas semanas, uno de mis lectores me escribió solicitándome escribiera algo sobre el pasodoble. La verdad, la música no es, ni mucho menos, una de mis mínimas especialidades, así que como resultado de una no muy extensa investigación, les presento esta nota esperando satisfacer la solicitud de mi amigo y que también les sea de interés al resto de los lectores.
El pasodoble torero es alegre y melancólico. “Canta por lo bajo la tristeza de la muerte, en tanto refulge por lo alto el ramo de rosas de una alegría apasionada” (expresión no del autor).
Tras una breve introducción, la primera frase se eleva, crece hasta llegar al estribillo en cuya repetición se añadirán los adornos de bonitas glorias interpretadas por la flauta, flautín y/o clarinete y el arte del contrapunto con saxofones tenores y bombardinos, alcanzando la obra su plenitud y máxima expansión con el tutti de banda. El pasodoble torero debe reunir tres condiciones indispensables, ser popular y aflamencado; con melodía valiente y tener un garbo especial que lleve dentro todo el espíritu de la fiesta.
Debemos y podemos comparar, el pasodoble con el toreo y podemos decir que el toreo está hecho de momentos musicales, lo mismo que el pasodoble. Así, los recursos armónicos utilizados por el compositor se pueden identificar con otros momentos interpretados por el torero.
La semicadencia equivaldría a “citar”, la cadencia rota sería “templar”, la cadencia plagal supondría “matar” y la cadencia consonante o decisiva (que son los últimos acordes del pasodoble) significaría la suerte suprema.
El pasodoble es ingrediente indispensable, aliado del torero en las grandes faenas o cuando pasea los trofeos en la vuelta al ruedo, contribuye a la vistosidad de un elegante “paseíllo” que despierta en el aficionado el interés de ver esa tarde, magistrales actuaciones de cuadrillas y matadores de toros, y a veces,  el pasodoble acompaña a las labores que desempeña el mayoral con sus mansos después de que el presidente muestre el pañuelo para devolver el astado a los corrales.
 Los títulos de los pasodobles hacen referencia a elementos taurinos, unas veces forman parte de la plaza de toros, otras del traje de luces, en ocasiones del público o de la ciudad o país, pero en la mayoría de los casos están dedicados al torero.
En España, casi todos los toreros de fama tienen algún pasodoble escrito expresamente en su homenaje, sin embargo, no siempre corren parejas la fama del matador y la de su pasodoble: es el caso de “Gallito”, “Vito”, “Angelillo” y “Dauder”, pasodobles famosos cuyos destinatarios no fueron figuras del toreo y al contrario, pasodobles que no han alcanzado la popularidad se han dedicado a grandes matadores de toros: “Machaquito”, “Guerrita”, “Joselito”, “Belmonte”, etc.
Por otro lado, están “Manolete”, “Marcial”, “Domingo Ortega”, “Agëro” y otros que si compartieron su calidad con la fama del torero a quien fue dedicado.
En el caso de México, han sido famosos los pasodobles escritos por El Flaco de Oro, Agustín Lara, para Silverio Pérez, “Silverio”; para Fermín Espinosa, “Fermín”; para Carlos Arruza, “Arruza” así como el titulado “Novillero” y desde luego, sin olvidar “Españolerías” y “Cuerdas de mi Guitarra”
                                     Y…hasta la próxima
 




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