Monday 23 de January de 2017

El peor momento y Punto Final

     25 May 2011 04:00:00

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Históricamente algunos delincuentes han gozado de una especie de admiración perversa por una parte de la población.
Tal vez el desacato, la rebeldía ante la autoridad o el reto al poder formal les da un halo de intrepidez que muchos idealizan convirtiendo a los malandros en “héroes cercanos de carne y hueso”.
Lo anterior se magnifica sí algún bandolero realiza “asistencia social” o cobija algún grupo vulnerable.
El narco en México durante décadas realizó esta “asistencia” en las más diversas localidad, donde el capo del pueblo o región cooperaba con causas en beneficio de la comunidad obteniendo así arraigo y respaldo social que les permitió vivir y atender el negocio de manera más holgada y tranquila.
Todavía hace una década ser narco era un símbolo de status social, de poder económico. El narcotráfico era una receta para hacer dinero rápido y adentrarse a un glamoroso mundo de excesos y lujos.
Para muchos esta mítica idea persiste para muchos jóvenes es figura aspiracional el capo rico, las troconas, las morras, los pegues.
Sin embargo por la competencia entre carteles, el combate federal, el aumento en los costos de trasiego, nominas y “equipo” ese estatus y poder ha mermado y ya no hay tanto para tantos.
Claro que hoy como antes hay un o dos decenas de capos que aún viven rodeados de ese lujo, ese poder pero son una minoría.
Según datos de la Secretaría de la Defensa Nacional en México existen poco más de 500 mil personas trabajando dentro de la delincuencia organizada, de estos solo 19 son considerados capos de altos vuelos, los demás son carne de cañón que vive muy alejada de esa riqueza y glamur.
Pedro Peñaloza en su libro “La juventud mexicana: una radiografía de su incertidumbre” menciona que los sueldos de los informantes que en su mayoría son jóvenes con edad promedio de 22 años rondan los 2 mil pesos al mes.
La Secretaría de Seguridad Pública Federal en un análisis presentado en noviembre pasado señala que la edad promedio de un sicario bajo de 38 años en el año 2000 a 24 en 2010; mientras que los ingresos promedio han bajado de 6 mil dólares mensuales a mil en el mismo lapso.
Nunca en la historia del narco en México había sido tan arriesgado pertenecer al crimen, hoy los carteles prácticamente han monopolizado la actividad delincuencial, no hay rama del crimen que no controlen o intervengan.
Peor, hoy el riesgo de un delincuente de morir a corta edad es mucho mayor que hace diez años.
Hoy si no cae contra en Ejercito, cae contra la Federal, la Estatal o lo aniquilan las bandas contrarias, incluso los mismo compañeros dentro de un negocio donde por el afán de ascender provoca todo tipo de traiciones.
Hoy para ser delincuente es el peor momento.
Punto Final
Más que merecido el “Premio Iberoamericano de Poesía Ramón López Velarde” al maestro Vicente Quirarte

*Analista político




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