Thursday 19 de January de 2017

El político

     29 Dec 2010 00:00:00

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AL PRINCIPIO
Diego Fernández de Cevallos está en el escenario político una vez más. Fingido o real, su secuestro le devolvió vigencia pública a un personaje indisolublemente ligado a la forja de una era, la salinista. Mezclador de los negocios con la política y de la oposición con el poder al “que se opone”, es, por méritos propios, el modelo más completo y, sin duda, mas brillante, del político “para estatal” al que sus propios compañeros le apodaban la ardilla en el periodo presidencial de Carlos Salinas de Gortari, porque no salía de “Los Pinos”.
El político “para estatal” es una invención del sistema político mexicano que data de la época en que las elecciones se reducían a la legitimación de decisiones previamente tomadas en el seno del poder. Se gestó durante el mandato de Adolfo Ruiz Cortines, sus fundadores fueron los generales revolucionarios Juan Barragán y Jacinto B. Treviño, la criatura recibió el nombre de Partido Auténtico de la Revolución Mexicana (PARM). Se convirtió en la referencia clásica de la “oposición leal”, esa que desde el espacio opositor le presta valiosos servicios al poder a cambio de privilegios, frecuentemente ocultos.
No son únicos. Con el tiempo en eso devino el Partido Popular Socialista (PPS) concebido por el brillante ideólogo Vicente Lombardo Toledano, y a mediados de los años setenta, el Partido Socialista de los Trabajadores (PST).
La evolución política de México se tradujo en severo desgaste de esas formaciones partidarias, al grado de no poderse sostener en un marco de limitada competencia partidista, perdiendo el registro una vez que la oposición real ocupó un sitio en el menú de opciones electorales.
En 1988, en su afán de no desaparecer, apoyaron la candidatura de Cuauhtémoc Cárdenas, pero no se incorporaron a su lucha una vez que se impuso la decisión del fraude.


LA JOYA DE LA CORONA
El presidente Carlos Salinas de Gortari tomó nota de la debilidad con que llegaba, valoró la importancia de los políticos “para estatales” y puso manos a la obra.
Pero dando un giro a la anterior política de cooptación al advertir que el régimen, con sus patrocinios inconfesables, solo prohijaba la existencia de políticos carentes de influencia social y de base organizada, decidió prescindir de las rémoras y orientar sus afanes cooptadotes hacia intelectuales y cuadros políticos reales, con fibra, olvidándose de la “bisutería”.
Obtuvo como su más valiosa joya de colección a Diego Fernández de Cevallos, quién después de meritoria carrera opositora desde las filas del PAN, se convirtió en el político “para estatal” que más servicios le ha prestado a un gobierno en turno.
Los políticos “para estatales” germinan en todas las ideologías, su existencia depende de que desde la función pública se les pueda “hacer favores” al margen de la ley y de la ética.
Los gobernantes tranquilizan su conciencia aduciendo que lo hacen por “la gobernabilidad”, los políticos “para estatales” invocan hipócritamente “civilidad, diálogo y el acuerdo político”, de manera tal que decretan “la incivilidad” de los que no comparten sus coartadas claudicantes.
Los políticos “para estatales” pueden ser de dimensión municipal, estatal o nacional. Algunos operan con éxito en dos o hasta en los tres planos de gobierno.
El periodismo, si se descuida, los convierte en paradigmas de inteligencia política, ensalzando “los logros de su astucia”, cuando en realidad son frutos de su ausencia de escrúpulos.


LA ANTÍTESIS
En contraste, el político “para estatal” se refiere a su antítesis, el político de principios como soñador, dogmático, terco y hasta “autoritario”, si pinta su raya con suficiente vehemencia.
Puesto a escoger, creo mil veces más respetable y más útil a una sociedad un político de principios como en vida fue Carlos Abascal Carranza, que Diego Fernández de Cevallos.
Aunque no compartiéramos el ideario con Abascal Carranza sabíamos a que atenernos, su derechismo no interfería en el respeto a sus interlocutores; honraba su palabra.
Siendo portador de convicciones incompatibles con una nación republicana supo ser infinitamente mejor secretario del Trabajo que Javier Lozano Alarcón y su desempeño como secretario de Gobernación no desmerece ante sus sucesores.


AL ÚLTIMO
¿NO ME CORROMPAN, REPRíMANME?
En la búsqueda de comprender las razones del derrumbe institucional en curso, no es aconsejable subestimar los efectos de la condición corruptora de los que son depositarios institucionales del dinero público.
Al votante corrompen con una despensa y al votado o aspirante a serlo con un conjunto de “estímulos” que privan a la sociedad de un auténtico contrapeso al poder. Suprimir “el maiceo” es regenerar la república, su practica destruye instituciones.
Nos encontramos el jueves en El Recreo




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