Saturday 21 de January de 2017

El portentoso Sorky

CARTAS DESDE EL EXILIO

     26 Sep 2011 03:30:00

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Desde pequeño, Sorky habitaba otro mundo que pocos comprendían. En la escuela hacía cosas distintas de las que realizaban sus compañeros. Dibujaba seres y objetos extraños, inquietantes e indescifrables para quienes vivían aferrados a las claves de la vida cotidiana.
Salvo breves episodios de malestar, a Sorky jamás le perturbaba ser considerado como parte del museo teratológico de lo avieso.
Se divertía de las sosas diatribas diseminadas por los custodios de la normalidad para burlarse de su pinta friki. Las respuestas suyas eran más irónicas y punzantes. Componía versos satíricos que nadie entendía porque los recitaba al revés, es decir, en el orden opuesto que adquieren las letras cuando son vistas a través de un espejo.
Recuerdo que se disfrazaba para la ocasión con un atuendo perturbador, sombrerito incluido, y durante horas declamaba mayestáticamente poemas invertidos en el patio de la escuela.
Al principio, todos lo rodeaban entre azorados y divertidos pero el entusiasmo se disipaba rápidamente debido a que la mayoría del auditorio consideraba el discurso como parrafadas carentes de sentido, una más de las fantochadas de “Sorky, el subnormal”.
Sí, así lo habían etiquetado los custodios de la normalidad, esa rákbha de analfabetas e imbéciles que eran incapaces de abandonar por un segundo las filas rectas del tedio.
Yo, por el contrario, admiraba a Sorky, aunque debo confesar que tampoco lograba descifrar las reglas de aquellos lances que entonces me parecían geniales locuras.
Acaso por la entusiasta fidelidad que le mostré durante meses, Sorky me permitió entrar a su vida, no sin antes someterme a pruebas filológicas insospechadas. Porque he de advertirles que si bien el estrafalario friki amaba la pintura, el teatro y la música, su pasión por conocer y dominar las raíces históricas de las palabras era totalmente insana.
Quizá por ello, la sublevación suya era de tonalidad quijotesca; pretendía devolver al presente el aura sagrada perdida mediante la restauración de los significantes y significados primigenios de los lenguajes ancestrales. En esto yo tenía cierta capacidad porque mi padre había sido un profesor destacado en el manejo de la retórica.  De hecho, debo decir con humildad que fui yo quien le dio a conocer la raíz árabe de la palabra recua, rakbha, aunque él prefirió tomar la voz hispanoárabe rákbha para su aplicación cotidiana.
En Sorky no había pulsión academicista alguna. Los profesorcillos vanidosos le parecían repugnantes. Su arrogancia, decía, es proporcional a su falta de ingenio y audacia. Prefieren construir feudos y claustros para confinar a sus feligreses porque temen el azar de la existencia, esa fuerza que debemos enfrentar día a día con las artes del experimento y la invención.

*Miembro del SNI
 




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