Saturday 21 de January de 2017

El reino de Dios como valor supremo y definitivo en la vida de los cristianos

El día del señor

     24 Jul 2011 03:40:00

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INTRODUCCIÓN
“Abriré mis labios para hablar en parábolas; declararé cosas que han estado ocultas desde la creación del mundo”.
Esta antífona de las primeras Vísperas del Domingo 16 del tiempo ordinario y en el ciclo A, que estamos celebrando en los domingos que corren, nos pone a tono con las enseñanzas que San Mateo en el capítulo 13 de su evangelio, nos trasmite sobre el ser y el actuar de Cristo como principio y fundamento del reino de Dios que ha venido a instaurar por voluntad de su Padre y con la iluminación del Espíritu Santo.
Efectivamente, hoy escuchamos en el evangelio otras parábolas que hacen aumentar, sin agotar, la enseñanza del  misterio del reino de Dios: el tesoro escondido y encontrado como valioso y que hace a quien lo encuentra vender todo para adquirir el campo donde está oculto.
También, las parábolas de la perla preciosa de gran valor que un comerciante en perlas finas encuentra y que luego va, vende lo que tiene para adquirirla.
Y por último, la barca que con su red arrojada al mar, recoge peces buenos y malos para ser luego separados en la playa, dejando en el cesto los peces buenos y arrojando los peces malos al mar. Parábola que tiene un sentido profundo referente al juicio que Dios hace a cada uno para premiar a los buenos y sus obras, y separar para siempre a los de conducta mala.

EL REINO DE DIOS COMO EL VALOR SUPREMO Y DEFINITIVO EN LA VIDA DE LOS CRISTIANOS
Cristo es el reino de Dios y su evangelio proclama el tesoro y la perla de su valor trascendente, supremo y definitivo para todo creyente que se ha encontrado con su persona y es iluminado y conquistado para aceptar con arrepentimiento de sus pecados, el don inmerecido del perdón y las gracias que Dios amorosamente quiere dar a todos los que luchen por el tesoro y la perla fina que significan este reino incomparable.
Los hombres con sus tendencias a poseer únicamente los bienes de este mundo terrenal, y sin tener en cuenta el valor supremo del reino de Dios, al cual deben subordinarse todos los valores, se afanan buscando satisfactores que a la postre no dan la verdadera felicidad y la realización verdadera que llene de esperanza auténtica a todo aquel que busca ser feliz, aún en medio de pruebas y sufrimientos que exige el decidirse por Cristo y sus enseñanzas de vida temporal y abierta a la eternidad.
Jesús nos dice, busquen primero el reino de Dios y su justicia, y lo demás vendrá por añadidura.
Este es el camino que conduce a la comunión querida por Dios, al enviarnos a su hijo Jesucristo, quien nos hermana y dignifica para que construyamos, sin desmayar, un mundo nuevo en el cual se respeten los derechos humanos, especialmente de los más pobres, desamparados y de quienes no tienen voz para hacerse oír.

ADHERIRSE AL REINO DE DIOS ES ADELANTAR EL JUICIO DE LA SALVACIÓN FAVORABLE Y NO SER SEPARADO DE ÉL NI DESTINADO A LA CONDENACIÓN ETERNA
La parábola que se refiere a la pesca de peces buenos separados de los malos que se desechan, nos hace estar caminando con la sabiduría por la cual los hombres sencillos y justos, aceptan el reino de Cristo y su evangelio.
La primera lectura de este domingo, nos narra cómo el gran rey Salomón en sueños y ante Dios que se le revela, no pide bienes, poder y prestigio político y cultural. Pide a Dios la sabiduría para saber gobernar a su pueblo numeroso y establecer el derecho y la ley. Pide con esa sabiduría distinguir el bien del mal y saber siempre actuar el bien y evitar el mal.
Por haber pedido estos bienes morales y espirituales, Dios le concede grandes riquezas materiales, poder político, paz en su reino y fama en Israel y en el extranjero.

CONCLUSIÓN
¿Seguiremos nosotros el camino del bien y desecharemos el mal en todas sus formas? ¿Seremos los peces buenos que se apartan de los malos? ¿Sabremos valorar el tesoro y la perla valiosísimas del reino de Dios? ¿Seremos constructores de paz, fraternidad y amor a los hermanos con la universalidad sin fronteras del reino de Cristo?...
Con la ayuda de la gracia divina y siendo fieles en el seguimiento del Señor, podremos colaborar para que se haga siempre realidad la petición del Padre Nuestro, que queremos poner ahora en el corazón y en nuestros labios.
“¡Venga a nosotros tu reino, Señor, y hágase tu voluntad en el cielo como en la tierra!”...
 




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