Monday 23 de January de 2017

El ritual sexenal

     26 Nov 2012 03:30:00

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Tengo la impresión de que sólo a los feligreses de la política les entusiasma el advenimiento de un nuevo ciclo presidencial. No percibo hoy un estado generalizado de ilusión, como en el que se vivió durante la transición del año 2000. Acaso porque los resultados fueron mucho menores con respecto a las hinchadas promesas de cambio, ofrecidas por los presidentes panistas. En la práctica diaria el globo se desinfló y las expectativas de transformación radical menguaron entre los ciudadanos.
Es verdad que la estabilidad financiera ha perdurado, evitando regresiones económicas indeseables y devastadoras. Pero también es contundente el crecimiento de la corrupción, del enriquecimiento inexplicable y, sobre todo, del cinismo y la impunidad. Esta situación decadente abonó el terreno para que la delincuencia común, la de cuello blanco y la organizada crecieran exponencialmente.
La izquierda partidaria no ayudó sustancialmente a modificar el régimen. Su visión pequeño-burguesa rápidamente desnudó los límites del discurso benefactor, afianzado en el pastoreo de la pobreza y del nefasto asistencialismo. La marginación se consideró como granero potencial de votos y fuente estratégica de clientelismo rampante.
Los apetitos materiales y monetarios del abanico socialista no han sido distintos de las otras formaciones partidarias. Tampoco hubo diferencias sustanciales en el ejercicio de poder, salvo en el Distrito Federal, aunque allí estuvo pletórico en bemoles significativos, como lo demuestra el affaire de El Señor de las Ligas.
Navegando en las aguas de un proyecto personalista, cansino y obsesivo, la izquierda mexicana apostó al todo o nada, sin reparar en las oportunidades que le otorgaba ser la segunda fuerza política del país. Pudo empujar una reforma institucional de gran calado, pero no quiso. Estaba en condiciones de socavar los pilares del corporativismo y prefirió ser cómplice. Tenía la llave para integrar una agenda de políticas económicas de desarrollo alternativo, pero optó por el berrinche y el callejón sin salida.
Mientras tanto, el PRI desempolvó el manual de estrategias pragmáticas para forzar a los presidentes panistas a negociar una estabilidad aceptable. Sin pasar por el doloroso proceso de autocrítica, el partido antes hegemónico trazó la ruta de su regreso a la Presidencia, cabalgando sobre los lomos de sus aliados mediáticos. Y ahora su candidato está a punto de tomar nuevamente el control de la nave.
El fin de semana próximo se renovará el calendario político, el PRI estará de fiesta, y la oposición seguirá  machacándose a sí misma: la izquierda fragmentándose hasta el infinito y más allá; el PAN, inmolándose.

* Miembro del Sistema Nacional de Investigadores
consolovin@hotmail.com




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