Tuesday 24 de January de 2017

El secreto de la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo

El Día del Señor

     1 Apr 2012 03:40:00

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  • Jesús es recibido en Jerusalén con palmas. Jesús es recibido en Jerusalén con palmas.
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 INTRODUCCIÓN
 Hoy celebramos con toda solemnidad el Domingo de Ramos, en el cual leemos litúrgicamente la Pasión de Jesús según el evangelio de San Marcos.
En esta homilía intento reflexionar con mis hermanos cristianos, el secreto de la pasión del Señor y su muerte, camino seguro hacia la conquista de su gloriosa resurrección. Nos asalta luego la pregunta: ¿Por qué tenía que ser de esta manera el modo y la realización de la redención operada por Cristo de acuerdo a la voluntad del Padre eterno?.
Tocamos de esta manera el problema y la solución que solamente pueden responderse al considerar con ojos de fe realmente vivida y comprometida, el misterio de nuestra redención y liberación dentro del designio de Dios.
 
¿POR QUÉ TENIA QUE SER ASÍ EL CAMINO PARA CONQUISTAR LA GLORIA DE LA RESURRECCIÓN?
En la pasión de Cristo se cumplió el repetido anuncio que él mismo hizo. Anunció a sus discípulos, su pasión y muerte violentas que sufriría en manos de sus enemigos.
La respuesta más honda y válida solamente Dios puede darla, pues pisamos el terreno insondable del designio divino y su proyecto eterno de redención realizado en, por y con Cristo. Y solamente a la luz de la fe podremos aceptar y asimilar esta voluntad de Dios
Quien nos ama con amor eterno e inabarcable, como vocación y elección que él ha hecho de todos y cada uno de los hombres a lo largo de la historia de la salvación, de generación en generación y hasta que se complete el número de elegidos.
 

LA REALIZACIÓN DE LA ENTREGA DE JESÚS PARA SALVAR A LOS HOMBRES
Al escuchar la proclamación solemne de la Pasión de Jesús, según San Marcos, con la luz de la gracia divina, con actitud humilde que ayuda a abrir nuestras almas para aceptar el misterio divino.
Podemos sintetizar con detalles este relato sorprendente y misterioso: la plegaria de Getsemaní, el arresto, la comparecencia ante el Sanedrín, las negaciones de Pedro, la presentación de Jesús ante Pilatos, los maltratos, las injurias, la crucifixión, la muerte y la sepultura, son ciertamente las etapas o pasos de nuestro Redentor por la vía del dolor y la inmolación para poder alcanzar su glorificación.
 
CRISTO CUMPLE LA VOLUNTAD DE SU PADRE EN LA PLENITUD DE SU ENTREGA MARCADA POR EL AMOR SIN FRONTERAS Y SIN CONDICIONES
Efectivamente, la pasión de Cristo que culmina con su crucifixión y muerte, nos revelan la cumbre de su amor divino humano y no una consagración del dolor y el sufrimiento en sí mismos.
El paso de este mundo a la gloria de su resurrección, ha sido de una vez y para siempre, el valor inconmensurable de su muerte totalmente preñada de caridad y entrega totales por el bien de una humanidad pecadora por la cual ha venido a este mundo para salvarla, en el tiempo y en el espacio y de frente a la eternidad.

NUESTRA RESPUESTA A DIOS DEBE SER CON  CRISTO EN ARAS DEL AMOR TOTAL E INCONDICIONAL
El dicho popular afirma sabiamente: “Amor con amor se paga”. Esto es precisamente lo que debemos hacer para dar respuesta al amor que Dios Padre nos ha dado en Cristo y con toda la fuerza del Espíritu Santo.
Seguir a Jesús por la vía dolorosa es cargar hoy con su cruz y esto supone ir contra corriente, es solidarizarse con los que no cuentan socialmente, es optar por la justicia, la verdad, el bien, aceptando las consecuencias dolorosas a que nos conduce tal opción libre y amorosa.
Es seguir fielmente y con generosidad el dictamen moral y espiritual de nuestras conciencias, todo esto es morir con Cristo al pecado siendo honestos con Dios, cuando lo más fácil y ventajoso es traicionar la moral del evangelio.
Es saberse desprender del apego al dinero, al poder que comporta, sacudir las acciones sucias y pecaminosas, es rechazar la venganza, los odios, la violencia, el sexo mal entendido y vivido bajo la obscuridad de las pasiones egoístas y desatadas sin control, y sin mesura.
Al impulso de este amor cristiano, cuya fuente es Cristo inmolado por amor en su pasión, crucifixión y muerte, es morir al pecado para resucitar con él a la vida de Dios.
Si entendemos un poco siquiera, este misterio, todo lo que hemos dicho y reflexionado en el silencio de nuestra contemplación, en esta homilía, es y será respuesta de amor a Dios y a los hermanos como plenitud de la ley y puerta de entrada para participar en la gozosa resurrección del Señor...en esta Semana Santa de este año de gracia y del Señor, nuestro camino, verdad y vida.

*Obispo Emérito de Zacatecas




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