Sunday 22 de January de 2017

¿El sistema electoral perfecto?

     9 Jul 2012 03:30:00

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Hace una semana no pude entregar mi columna porque cometí un error de cálculo. Estaba en Monterrey y para votar por candidato presidencial debía acudir a una casilla especial. Así que el domingo decidí acudir a la Facultad de Medicina de la UANL donde estaba instalada una de las urnas para foráneos. Ilusamente creí que si llegaba las 9 de la mañana, me llevaría cuando mucho una hora para votar y me quedaría un buen lapso de tiempo para escribir con tranquilidad el artículo del lunes.
Pero la ingenuidad me salió cara. Cuando llegué al Paraninfo de aquella institución, la fila de votantes para la casilla correspondiente era de unas 700 personas. La hilera permaneció inmóvil durante una hora porque, según nos explicaron algunos ciudadanos convertidos en funcionarios del IFE, en lugar de abrir a las 8 de la mañana lo hicieron a las 10.
Pasaron un par de horas y apenas habíamos avanzado cerca de 200 metros. Cansados de esperar y sin saber si las boletas alcanzarían para sufragar, ya que el límite legal es de 750 por casilla, un grupo de personas habló con los funcionarios correspondientes para reclamarles por la lentitud, la escasa información y la falta de atención a los ciudadanos que seguían llegando al lugar.
Fue entonces que establecieron una medida para dar certeza a quienes esperábamos votar. Luego de tres horas de estar en formación, los funcionarios fueron marcando en el brazo a cada ciudadano hasta llegar al número 583, ya que era el número de boletas que restaban después de descontar a las 163 personas que hasta ese momento habían sufragado.
Quedamos perplejos con la explicación de los funcionarios sobre la lentitud del proceso. Nos confesaron que únicamente tenían una computadora para verificar la identidad de cada votante.  A esto habría que añadir que el ciudadano funcionario que manejaba el instrumento no contaba con las habilidades requeridas para teclear los números con celeridad. Por consiguiente, el proceso se convirtió en una verdadera pesadilla que sólo fue compensada por la solidaridad mostrada por quienes allí nos congregamos.
Queda claro que el IFE no se tomó la molestia de calcular el tiempo que llevaría completar el proceso con 750 votantes potenciales. Si cada ciudadano hubiese tardado un minuto en votar, las 10 horas que duraría la jornada lectoral hubiesen sido insuficientes para cubrirlos a todos. Eso fue lo que sucedió, yo logré sufragar a las 7 de la tarde, pero el último voto se dio a las 9 de la noche. En este rubro el sistema sigue siendo ineficaz y bananero, no estimula el sufragio, lo espanta.

*Miembro del Sistema
Nacional de Investigadores




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