Wednesday 18 de January de 2017

El tema de las drogas al foro mundial

     20 Apr 2012 04:00:00

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El séptimo Foro Económico Mundial, en torno a una mesa especial sobre crimen organizado y violencia, ha entrado por fin a debatir el tema sobre la legalización de las drogas, a partir de una propuesta del gobierno de Guatemala.

La actual guerra, la de Felipe Calderón y continuidad de la otra, la de Nixon, ha provocado a la fecha más de 50 mil muertos en México y 10 mil desaparecidos; delincuencia organizada con armamento igual o superior al del propio ejército (armas proporcionadas por cierto por el gobierno norteamericano), miles de jóvenes y hasta niños en las cárceles del país o involucrados en las filas de la delincuencia, militarización, ausencia de inversiones, desempleo y un tejido social desarticulado por el miedo.
El problema de México en relación con las drogas, es un asunto de salud pública, al que la cerrazón del gobierno de Felipe Calderón, ha convertido en un problema de inseguridad.
 “No hay drogas buenas o malas. Hay sólo buenos y malos usos de la droga”, afirma el doctor Andrew Weil. No es la naturaleza, ni la ciencia médica la que determina cuales drogas  son buenas o malas y cuales deben ser  de posesión y distribución libre o controlada. Es la ley las que las clasifica  en legales o ilegales, influyendo para ello el factor del dinero, no el interés social.
Andrés Roemer plantea la necesidad de que el estado proponga y lleve a la práctica políticas públicas en relación con las drogas, independientemente de la licitud o licitud de éstas (Economía del Crimen. Editorial Limusa. P. 305).
 Las políticas públicas contra el consumo de drogas y sus consecuencias deben integrarse necesariamente por Leyes y Programas. Hoy sólo existen leyes. La ley prohíbe o autoriza, es todo, pero eso no basta, son necesarios los programas que vigilen, controlen, alerten, moderen, regulen e incluso rehabiliten al ya adicto.
Las políticas públicas contra las drogas, continúa diciendo Roemer, “deben dar solución a tres metas fundamentales: proteger a los usuarios, proteger al resto de la población por los daños que le pueden causar y minimizar los daños”.                          
La despenalización (o legalización en su uso como sinónimo) convierte el problema penal del uso y abuso de las drogas  en un asunto de salud pública.  Quienes se encargan son los médicos y los hospitales y no los policías, los soldados ni las cárceles.
 Cuando menos debe iniciarse éste proceso con la despenalización en la posesión, comercio y uso de la cannabis o marihuana, pues, además de los usos terapéuticos de la marihuana, no existe estudio alguno que demuestre daño cerebral, estupidez o locura causada específicamente por el uso o el abuso de ésta droga. Nunca se ha reportado en los estudios médicos, alguna muerte que haya sido causada por sobredosis de marihuana, lo que sí ocurre con el alcohol, sobre todo el adulterado que en nuestro país anda arriba del 55 por ciento. Cifra reconocida por instancias oficiales.
Por otro lado, la legalización permitiría  establecer el padrón nacional de usuarios a las drogas, quienes serían tratados gratuitamente en centros de rehabilitación dependientes del estado y con recursos derivados del pago de impuestos que  todo uso de droga aporte, incluyendo el café y el alcohol.  
Se lograría que los laboratorios  se sujeten a leyes sanitarias, fabricando  drogas puras y menos nocivas.
Se respetaría la libertad de  decisión en el consumo de drogas, en cuanto no afecte el derecho de terceros.
Se acabaría con el mercado negro y las ganancias millonarias de los narcotraficantes  y sus socios, muchos de ellos policías, militares, políticos, empresarios y banqueros.
Legalizar implica regular. Cada droga, lícita o ilícita tiene diferentes efectos narcóticos o psicotrópicos, riesgos a la salud y consecuencias sociales y económicas. La manera de abordar la regularización o control de cada droga debe ser diferenciada, según de la cual se trate: mariguana, cocaína, heroína, alcohol, tabaco o incluso, cualquiera de las sintéticas. Y algo muy importante: certidumbre sobre la calidad de lo que se consume.
La prevención en el abuso  de las drogas se puede seguir sólo   por dos caminos posibles: El mejor,  enseñar a la gente, sobre todo a los niños y a los jóvenes, que pueden satisfacer sus necesidades y deseos sin consumir droga. El otro, enseñarle que, si ha decidido consumir droga, es posible establecer una buena relación con estas substancias, de tal manera que logre controlarse, que puede ser un consumidor, pero no un drogadicto compulsivo.

*Profesor universitario




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