Tuesday 24 de January de 2017

El tiempo y lo cotidiano

Periferia: Arte contemporáneo

     30 Nov 2012 04:00:00

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Good Feelings in Good Times, de Roman Ondák. (Cortesía)
Good Feelings in Good Times, de Roman Ondák. (Cortesía)

Roman Ondák (Eslovaquia, 1966) explora los límites entre la realidad y el arte. Toma elementos cotidianos, objetos, espacios y situaciones sociales para alterarlos de manera que se convierten en un comentario sobre la realidad, aunque parezcan ser parte de ella. Los espectadores se enfrentan a situaciones que les llevan a cuestionarse la forma en que entienden y perciben los códigos sociales.
Good Feelings In Good Times (2003), por ejemplo, es una fila creada artificialmente. La línea de espera se forma poco a poco a la entrada de una exhibición. Es un grupo de voluntarios o actores que aparenta ser un grupo de personas comunes. La fila no avanza, pero los participantes parecen tener un propósito claro para estar ahí.
Ondák se interesó en la idea de una fila por ser un fenómeno social inestable, en el que todos hemos participado alguna vez. La percepción de éste depende de las circunstancias en que ocurre y de la relación de quien espera con la fila.
Quienes participan en ella pueden hacerlo voluntariamente, están ahí por su propia decisión, para satisfacer sus deseos. O quizá están ahí porque no tienen otra opción, como debían hacerlo a las afueras de las tiendas abastecimiento de la Eslovaquia comunista, donde creció el autor.
Con obras como Balcón Ocupado (2002), Ondák nos lleva a replantearnos el simbolismo de los edificios que representan el poder político. Un acto simple como airear una alfombra persa colgada en el balcón del ayuntamiento de Graz, Austria, basta para acabar con la solemnidad del edificio.
En Edificio Camuflado (2009), una intervención con montones de aserrín a la vieja sede de madera del gobierno de Nueva Zelanda sugiere una remodelación, hace del monumento histórico, inamovible, un espacio en transición.
Midiendo el Universo, presentada por primera vez en el MOMA en 2007, toma un acto cotidiano como marcar la pared con la estatura de los niños, y lo lleva al espacio del museo. Cada visitante registra su estatura con una línea, agrega su nombre y la fecha en que visitó la sala.
Para los niños el paso del tiempo puede ser irrelevante, dice Ondák, están más interesados en cómo cambia su cuerpo. Las marcas de su estatura representan una forma distinta de entender el tiempo, y al mismo tiempo son una documentación de su infancia.
Cuando esta acción se traslada a la galería se convierte en una metáfora de nuestra vida en la comunidad. Poco a poco, la superposición de nombres y marcas crea una mancha negra en la pared, como un cielo nocturno.
La obra de Ondák utiliza el espacio de exhibición como un espacio social. Usando elementos cotidianos, nos recuerda que no estamos solos: nuestra vida está basada y definida por las interacciones con otros, y por la forma en que percibimos los espacios y las formas en que esas relaciones ocurren.
Más sobre Roman Ondák: http://bit.ly/romanondak.
*Coordinador del Muno




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