Monday 16 de January de 2017

Elegía para un soldado desconocido

CARTAS DESDE EL EXILIO

     11 Apr 2011 04:00:00

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Para los pobres, la muerte es anónima; no hay elegías, ni obituarios, ni homenajes. Sencillamente la vida discurre en el humilde silencio de la privacidad.
Claro, ¿por qué habrían de llorarse públicamente a los difuntos por el sólo hecho de ser pobres?, me cuestionó Jonás, el periodista de “La Verdad”.
No me refiero a los pobres que jamás han realizado alguna acción para ganarse un lugar en el mundo, aunque también los hay ricos que nunca lo han hecho y los rosarios de celebraciones no paran de lloverles, respondí con la sonrisa ignota de siempre.
Pero ahí está el caso de Tobías, el soldado que acaban de asesinar las mafias y nadie ha dicho algo sobre el caso suyo, ni sobre el dolor familiar que se encanija con rabia por las penurias económicas que padece la familia.
Tobías era el sustento del hogar, desde niño comenzó a trabajar incansablemente en los mercados y las peluquerías para sacar adelante a su madre y a sus tres hermanitos.
Era capaz de dejar de comer, si hacía falta; era capaz de caminar horas y horas para llevar pan y medicinas a su jefa; era capaz de darse de mamporros en las peleas organizadas por los malandros del barrio con tal de ganarse unos tristes pesos.
Jamás se torció, él vivía con la cabeza puesta en el futuro de la madre y los hermanos. Soñaba con sacarlos de la miseria. A ella, Doña Chayito, le compró una maquinita de coser para que pudiera coser ropa ajena.
A Perico y Poncho, les consiguió unas mochilas baratitas para que fueran con gusto a la escuela.
Al llegar a la mayoría de edad, la disciplina que impone la pobreza le ayudó a destacar en el ejército.
Se alistó cuando las primeras nevadas calaron en los huesos familiares, pensó que era la manera de salir más rápido de su condición menesterosa y obtener un diploma de estudios, porque el sueño suyo era ser ingeniero eléctrico.
Tobías demostró inteligencia, audacia y valor en las distintas campañas del ejército. A veces lo enviaban a los pueblos damnificados por un huracán y terminaba extenuado.
En otras ocasiones, su tarea era patrullar carreteras. Pero ya sabemos que el destino se ceba más con los desfavorecidos y Tobías encontró la muerte en un paraje de la frontera al enfrentarse con los narcos.
Emboscaron su regimiento y lo asesinaron por la espalda.
Solamente acudí yo a su funeral, junto a su madre y sus hermanos. No hubo poemas, ni obituarios, ni políticos.
Caía un sol de 40 grados, el viento fulminaba con sus olas de calor rabioso y la memoria pública jamás haría justicia a hombres como Tobías.

*Miembro del SNI




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