Saturday 21 de January de 2017

En el seno de una oración profunda, Cristo se transfiguró

El Día del Señor

     24 Feb 2013 03:40:00

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Las vestiduras de Jesús se hicieron blancas y relampagueantes.
Las vestiduras de Jesús se hicieron blancas y relampagueantes.

INTRODUCCIÓN
“En  aquel tiempo, Jesús se hizo acompañar de Pedro, Santiago y Juan y subió a un monte para hacer oración. Mientras oraba su rostro cambió de aspecto y sus vestiduras se hicieron blancas y relampagueantes. De pronto aparecieron conversando con él dos personajes rodeados de esplendor: eran Moisés y Elías. Y hablaban de la muerte que le esperaba en Jerusalén”.
De esta manera, el evangelista San Lucas en el texto de su evangelio que leemos y escuchamos hoy, segundo domingo de Cuaresma, nos narra este hecho maravilloso y sorprendente de la vida de Cristo y algunos de sus discípulos.
En este relato se conjuntan varios signos, a saber: el monte, la nube y los personajes de Moisés, representante de la Ley y Elías el gran profeta que representa a los profetas, ambos del Antiguo Testamento.
La ley y el profetismo que anuncian en figuras la venida de Cristo mesías y Salvador, quien en el Nuevo Testamento y en la plenitud de los tiempos y aún en el esplendor de su transfiguración, ya se hablaba de su pasión y muerte en Jerusalén para resucitar luego.
Reflexionemos con la ayuda de la gracia en este episodio sobrenatural de la manifestación o teofanía de Cristo en la montaña, que según la tradición cristiana es el Tabor.

EN EL SENO DE UNA ORACIÓN PROFUNDA CRISTO SE TRANSFIGURÓ
Los evangelios cuentan cómo Jesús solía retirarse a lugares apartados de día y de noche para dialogar con Dios, su padre. Cuando estaba a punto de ser inmolado en Jerusalén, en el huerto de los olivos, llevó a plenitud su oración, cuyo tema fue hacer la voluntad de Dios ante la inminencia dolorosa y terrible de su crucifixión y muerte en el monte Gólgota. Tabor y Gólgota son dos montes inseparables en la vida de Cristo, cumpliendo de esta manera  la voluntad divina en orden a ser fiel y generoso hasta la muerte para lograr la redención y salvación de los hombres: “Padre mío, si es posible que se aparte de mí este cáliz, más no se haga mi voluntad, sino la tuya”.
Jesús ya había hecho a sus discípulos el primer anuncio de su pasión y muerte y después resucitar. Ellos, tristemente se abatieron ante este anuncio misterioso, que chocaba con sus criterios y aspiraciones mesiánicas de triunfo, gloria mundana y riqueza terrena.
Estas perspectivas en la mente y el corazón de los discípulos de Jesús, distaban totalmente de la voluntad divina, que Cristo habría de cumplir por el camino de la vía dolorosa hasta sacrificarse en el ara de la cruz, mostrando así su amor divino humano a favor de la humanidad pecadora y liberando al cosmos, asociado a la suerte de dicha humanidad.
Ahora, nos toca a nosotros, como discípulos misioneros de Jesucristo, ahondar en el sentido de su transfiguración, siendo testigos comprometidos con él, para anunciar al mundo rebelde y difícil de nuestros días y su cultura pagana, la salvación temporal y eterna que se alcanza o se conquista por el camino de la Pascua del Señor: padecer, morir en cruz para luego resucitar unidos estrechamente a su persona y su obra de redención.

NOSOTROS CRISTIANOS DE ESTE TIEMPO DEBEMOS DESCUBRIR Y VIVIR EN EL SENO DE NUESTRA ORACIÓN EL SENTIDO DE LA TRANSFIGURACIÓN DE JESUS
Recordemos que todos los cristianos por el bautismo hemos entrado en la alianza de amor y seguimiento de Cristo. Vivimos con el Señor iluminados por su Palabra evangélica, en el seno de nuestra oración y sus variadas formas, sin la cual no es posible agradar a Dios, ni lograr la comunión con Jesús, siendo fieles al Espíritu Santo que nos capacita y enseña para pronunciar la palabra filial que Jesús vivió y nos enseñó: “¡Abba, Padre!”.
La oración inmortal que Cristo nos enseñó, es el Padre Nuestro, cuyo centro temático es hacer la voluntad divina en la tierra como en el cielo.
En un mundo tecnificado en el cual culturalmente predomina la dispersión, la superficialidad que se originan del uso abierto e indiscriminado de los medios de comunicación social (televisión, internet, teléfonos celulares, etcétera) tan maravillosos y útiles y en esta cultura de informática tan densa y agobiante las 24 horas del día, corremos el riesgo y el peligro de caer en lo inmediato de lo horizontal, en el quehacer vertiginoso y fluido de esta cultura, que se olvida de Dios sin aceptación de la contemplación orante a través de la mediación de Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre.
Los hombres de este tiempo en amplios sectores cristianos, se olvidan y niegan el valor de los encuentros trascendentes con Cristo en el Tabor de una contemplación orante que debe ser la vida interior que lleva a la profundidad de la revelación divina para que logremos como hijos adoptivos de Dios, ser fieles a su voluntad que no desea la muerte de los pecadores sino que nos convirtamos y vivamos con los pies puestos en la tierra, si, pero firmemente fija nuestra mirada en el cielo que esperamos al comprometernos con Jesús y ser iluminados para la transfiguración cristiana que se opera y se consigue uniendo la contemplación y la acción.
A la luz de estas reflexiones y habiendo iniciado el tiempo de la Cuaresma como espacio de oración que debe ser contemplativa subiendo hacia el monte del silencio, de la luminosidad y encuentro con Jesús, estamos llamados por Dios a asimilar el ejemplo de nuestro Salvador, quien a través del silencio fecundo logró la transfiguración como ventana abierta al más allá en donde con él y por él, después de participar en su cruz, alcanzar la luminosidad transformadora de nuestra fe orante a pesar de sufrir y de esta manera alcanzar el premio inmortal de la gloria.
¡Que la Cuaresma sea nuestro Tabor y con Jesús transfigurado, también nosotros orando con fervor y fe rendida, realicemos “nuestra propia transfiguración” pasando del pecado al estado de gracia, inundados con la luz del evangelio que nos descubre el valor de la crucifixión y muerte de Cristo en nosotros, para alcanzar después de esta vida, la luz inapagable del cielo con él y todos los santos!...

*Obispo emérito de Zacatecas
 




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