Tuesday 17 de January de 2017

En Guadalupe el patio de la casa común, es particular

     5 Sep 2012 04:00:00

A- A A+

Compartir:

Hubo de ser inaugurada de noche, la caprichosa reconstrucción del Jardín Juárez de Guadalupe fue a la luz de dramáticos faroles y en medio de apagones, el camino de esa innecesaria obra está sombreado de dudas sobre la legitimidad de las acciones que de principio a fin solaparon y consintieron todas las autoridades que en forma activa o pasiva la permitieron.

O el INAH, el ICOMOS y la UNESCO fueron “chamaqueados” para avalar la renovación integral de la vieja plaza que con el tiempo se volvió el jardín principal del poblado de Guadalupe o de plano se tendrá que extirpar a Guadalupe del Camino Real de la Tierra de Adentro, al paso que vamos, ya ni siquiera será necesario que se retire el título de la distinción y supuesta protección que deben tener los sitios declarados como patrimonio universal de la humanidad que se localizan en Zacatecas.
Y qué caros pueden costarle a un lugar que se supone es de la humanidad, los recuerdos de un joven gobernante que guiado por el impulso de las estampas de su niñez, quiso regresarle al Jardín Juárez -cuya casa familiar estaba cerca- la imagen que tuvo hace unos treinta años, antes de que precisamente y como aquí lo hemos sostenido, lo arreglara el entonces Gobernador (hace treinta años, desde luego, antes de la declaratoria de la UNESCO).
Como la mayoría de las plazas y placitas de los poblados antiguos de México, la de Guadalupe jamás tuvo algún rasgo ornamental notable, más bien fue un espacio que se formó a modo de prolongación del atrio del templo del convento, que tenía fines procesionales. Es tan austera esa plaza, que no tiene arcadas de portales para proteger a los comerciantes del sol o de la lluvia que es una característica de las plazas mayores.
El Jardín de Guadalupe -al menos el Juárez- estuvo seguramente de largo con firme de tierra como todas las plazas y luego empedrada. Según fotografías, tuvo arbustos nativos, árboles y hasta nopales.
Luego vinieron los esmeros porfirianos que hizo que en todas las plazas de México se colocaran bancas por todo el perímetro, con kioscos, al centro un motivo patrio, un busto a Juárez invariablemente, y arriates para los árboles, de modo que se creara en ellas un ambiente similar al de la alameda de México (sin álamos curiosamente, casi todas).
Jamás los empedrados y menos los adoquines que pusieron en los años ochentas del Siglo 20 fueron rojizos, como sí lo son, los nuevos que puso en forma de mosaicos que hacen figuras circulares (de nombre pórfidos), pero lo que nunca hubo y lo que menos debería de haber es la nutrida formación de bolardos de cemento en forma de cilindros que le dan al sitio un toque violento y que degradan su sabor original, al grado de volver la plaza en una suerte de glorieta de autopista.
Si la memoria del niño aquel y hoy mandamás local de Guadalupe es buena, tendrá que reconocer que jamás hubo en esa plaza los esbeltos faroles que ahora puso idénticos a los que colocó Manuel Camacho Solís en el Centro Histórico, cuando era regente y que son muy altos, más que las fincas de las casas de una planta en promedio, y más altos que los árboles (recién trasplantados que porque ¿los originales eran fresnos?), cuando el alcalde era niño, los únicos postes de esa altura eran los de la luz y eran de madera oscurecida por los baños de chapopote para hacerlos inatacables a la intemperie.
Encima de la arrogancia de aquel niño y hoy joven alcalde, tendrán que agradecerle los Guadalupenses, que hubiera vivido cerca del exconvento, precisamente a dos pasos de esa ahora extinta plaza, que desfiguró con el pretexto de evocar con fidelidad sus nostalgias infantiles. No imaginamos qué habría hecho de ese lugar, si de niño hubiera vivido en lo que ahora son “Las Villas de Guadalupe”, atrás de la nueva Presidencia Municipal.
Don Federico Sescosse explicaba que Zacatecas como relicario, se había salvado (y vaya que hay que decirlo en doloroso pasado) “porque no hubo dinero, ni para destruir, ni para construir….”. Qué pena que tengamos que reconocer que el exceso de dinero o el que ha corrido por la plaza local hace una década para acá, ha sido suficiente para darle de hachazos a la fisonomía urbana.
En vez de remediar causas graves y urgentes, el alcalde de Guadalupe se tomó muy en serio aquella canción de cuando era niño y que los escolapios coreaban en el recreo: “El patio de mi casa, es particular, se barre y se riega como todos los demás”, así arruinó el patio interior de Guadalupe ancestral.
Dirían los de Río Grande -en donde francamente no hay vestigios arquitectónicos notables que defender-, que ese alcalde lo único que tiene es hambre (de protagonismo), que mejor se ponga a bailar “el mono de alambre”.

Twitter:@f_javier_acuna
   




Lo más leído
Director de Seguridad Pública de Jerez balea a 4 jóvenes
Secuestran a dos hombres en Guadalupe
Se registra accidente múltiple en el boulevard
Encuentran a un hombre sin vida en Zóquite
Se pasa el alto y choca
Aseguran un vehículo robado
Se pone agresivo con Tránsito
Por Trump, anuncian cerco a Embajada de EU y bloqueo a puentes internacionales
Piden a SRE vigilar proceso de mexicano detenido en Letonia
Autoridades estatales inauguraron la presa la Suzaya en el municipio de Pánuco  
Aplicaciones


Servicios
$ Dolar
Compra 21.53
Venta 22.03
€uro
Compra 23.05
Venta 23.55

Multimedia



©Todos los derechos reservados
GRUPO EDITORIAL ZACATECAS, S.A. DE C.V.- De no existir previa autorización, queda expresamente prohibida la Publicación,
retransmisión, edición y cualquier otro uso de los contenidos de este portal.




Aviso de privacidad