Thursday 19 de January de 2017

En Los Ángeles peligra el barrio mexicano

     20 Mar 2011 03:40:00

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  • Mike Mariscal, propietario de la Mike Mariscal, propietario de la "Myrosa" tienda de artesanías mexicanas en El Pueblo, barrio de Los Ángeles.
  • La calle Olvera del histórico distrito mexicano. La calle Olvera del histórico distrito mexicano.
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LOS ÁNGELES, CALIFORNIA.- Dentro de su negocio de artesanías en el histórico barrio El Pueblo, Mike Mariscal está rodeado de máscaras, mantas tejidas y estatuillas del Día de los Muertos que vende a los turistas.
Mariscal teme que los días de su negocio estén contados como consecuencia de un plan de revitalización del centro de Los Ángeles que podría acabar con una cantidad de construcciones de adobe, comercios e iglesias mexicanas.
Una de las disputas gira en torno a tumbas de indios descubiertas durante la construcción de un centro cultural mexicano-estadounidense.
Otra se relaciona con un monumento a los héroes de guerra hispanos en lo que alguna vez fue el barrio chino.
Mariscal y decenas de comerciantes de El Pueblo que venden tacos y chucherías, así como los negocios para turistas más convencionales de carteras de diseñador y afiches de películas, dicen desde hace tiempo que un aumento en los alquileres de sus locales puede obligarlos a irse de un sitio con el que tienen lazos históricos.
"Sospecho que la idea a largo plazo es sacarnos a todos de aquí", comentó Mariscal, de 55 años y quien lucía una vieja guayabera. "Acabarán conmigo".
El encendido debate en torno al pasado y el futuro del primer asentamiento no indígena de Los Ángeles habla de su rica diversidad y refleja cómo a veces lo que muchos perciben como progreso choca con la historia.
"Es una versión en menor escala de Jerusalén", comentó el profesor de historia de la Universidad del Sur de California Philip J. Ethington. "Todo lo que involucre su significado histórico va a movilizar a la gente".
Se cree que este sitio histórico se encuentra en los alrededores de lo que fue la aldea indígena de la tribu  gabrielino-tongva antes de 1781, cuando una expedición de súbditos de España de distinto origen étnico instaló un asentamiento que con los años pasó a ser la ciudad de Los Ángeles.
Entre las estructuras originales figuran la Casa de Adobe de don Francisco Avila -un rico hacendado que llegó a ser alcalde de la ciudad, construida en 1818, cuando el estado era todavía gobernado por los españoles- y la Iglesia de La Placita, dedicada en 1822, en momentos en que la región pertenecía a México.
Cuando Estados Unidos se apoderó de California en la Guerra Mexicano-Estadounidense de 1846-1848, surgió allí el primer barrio chino de Los Ángeles.
La zona inició una nueva etapa en 1930, cuando Christine Sterling, viuda de un abogado conectado con la industria cinematográfica, recibió apoyo del concejo municipal para preservar y renovar la Casa de Adobe.
Sterling promovió la llegada de decenas de negocios y de artesanos en lo que pasó a llamarse la Calle Olvera para darle al lugar un ambiente de pueblo mexicano.
Con el correr del tiempo, el barrio dejó de ser un sitio mexicano artificial en el corazón de una ciudad de blancos y pasó a ser un barrio realmente mexicano en el corazón de un distrito hispano.
La Iglesia de La Placita atrae unos 10 mil feligreses semanalmente a sus misas en español y es muy usada para bautismos, confirmaciones y bodas por los residentes de los barrios hispanos aledaños.
El centro de Los Ángeles, sin embargo, está siendo renovado y se habla de la construcción de un tren rápido que atravesaría el distrito. Estos planes son resistidos por los hispanos que viven o tienen comercios allí.
En enero se interrumpieron las obras en La Plaza de Cultura y Artes, un centro cultural mexicano-estadounidense a dos cuadras de la Calle Olvera, porque los trabajadores encontraron huesos que probablemente pertenecieron a indígenas gabrielino-tongva.
Algunos miembros de esa tribu dicen que las autoridades municipales, propietarias de esas tierras, no han dado garantías de que los restos serán enterrados nuevamente como corresponde y quieren más estudios arqueológicos en los alrededores antes de que continúen las obras.
"Hacen falta más investigaciones", afirmó la arqueóloga Desiree Martínez, quien pertenece a los gabrielino-tongva.
El portavoz municipal Brian Blew se abstuvo de comentar el caso.
Por otro lado, se ha radicado una demanda en la que se alega que la municipalidad no obtuvo los permisos necesarios cuando autorizó a una asociación de veteranos de guerras la construcción de un monumento en homenaje a los hispanos que recibieron la Medalla de Honor del Congreso en una zona verde donde se dice hubo alguna vez una tribu tongva y que luego fue parte del barrio chino original.
Se cree, por otro lado, que varias de las víctimas de una matanza de chinos de 1871 --en la que 19 hombres y niños chinos fueron asesinados por una turba-- perecieron entre las casas de adobe que hubo alguna vez en ese parque.
El principal impulsor de la construcción del monumento, William Douglas Lansford, veterano de la Segunda Guerra Mundial y de la Guerra de Corea, rechazó las acusaciones de quienes dicen que quiere marginar a héroes de guerra al instalar ese monumento en un cementerio de veteranos o en un sector con una gran comunidad hispana en East Los Angeles.
El abogado Robert García, quien radicó la demanda, dice que quiere asegurarse de que cada cultura conserva su presencia en la zona y que los visitantes reciben información correcta de la historia del lugar.
"Es bien sabido que en Los Angeles borran la historia y pisotean una cultura para servir a otra", expresó. "El gran interés en el centro de Los Angeles hace que resulte más necesario que nunca revivir la historia olvidada de la ciudad".
Mariscal y otros comerciantes, que vienen realizando desde hace tiempo festivales en ocasión del Día de los Muertos así como desfiles de Navidad durante las festividades de Las Posadas, dicen que está en juego su identidad cultural en una batalla con la municipalidad en torno a los alquileres, que en algunos casos se han cuadruplicado para ponerlos a tono con los precios del mercado que presentó un consultor independiente en abril del año pasado.
La municipalidad sostiene que la congelación de alquileres dispuesta por el concejo municipal en 1999 no abarca a todos los comercios, muchos de los cuales se niegan a pagar las nuevas cifras.
Las autoridades posteriormente ofrecieron cobrar menos que lo recomendado por el consultor, pero varios comerciantes tampoco aceptaron esas cifras, según el administrador municipal de El Pueblo Robert Andrade.
Andrade afirma que los comerciantes tienen que pagar más de lo que pagan para poder conservar el sitio histórico, que abarca 18 hectáreas.
"Hacen falta fondos para administrar un sitio histórico de semejante tamaño", manifestó.
Mariscal, cuyo negocio ocupa un edificio de ladrillo construido en 1870 que albergó una bodega, no revela a cuánto asciende su alquiler, pero dice que no estaría en condiciones de pagar lo que le piden.
"No voy a trabajar 60, 80 horas semanales para darle lo poco que gano a la municipalidad", declaró.




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