Thursday 19 de January de 2017

En manos de Judas

Los días del B-100

     30 Mar 2011 03:20:00

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Templo de la Virgen de Guadalupe en Tlaltenango.(Imagen)
Templo de la Virgen de Guadalupe en Tlaltenango.(Imagen)


El grupo maderista armado que dirige José Luis Moya Regis, asaltó Tlaltenango el 17 de marzo de 1911. En el enfrentamiento murió el segundo jefe de los rebeldes, Antonio Amaro (el padre de Joaquín).
La defensa de la ciudad la encabezó el jefe político, Aureliano Castañeda. Fue tan desesperado el resguardo, que la autoridad cometió más excesos que los asaltantes; en tal situación, meses después Castañeda fue detenido por la autoridad federal.
Por cierto, el expediente que le integraron fue utilizado para tratar de impedir su designación como gobernador del estado (lo fue por elección popular en 1924).
La toma de Tlaltenango mostró que las acciones de Moya no eran correrías incendiarias sin ton ni son. Aunque configuran una espiral, cuya dirección (partiendo de Nieves) va hacia la derecha, sube, circula (estado de Durango) y baja por la serranía y los valles que antaño fueron las tierras del conde de San Mateo, el plan es ir por los puntos básicos del antirreeleccionismo.
El objetivo es conseguir la colaboración armada y pecuniaria de los maderistas de San Juan Bautista del Teul, Valparaíso y San Miguel del Mezquital.
Previo a Tlaltenango, Moya atacó con éxito comunidades de Jerez y Villanueva.
Pese a estar consciente el Gobierno del Estado, de que los disturbios eran motivados “por las agitaciones políticas” nacionales, la situación la enfrentó con improvisaciones inmediatas que definen más la defensa de la autoridad, que la procuración de una vía de negociación pacifica.
En primer lugar el gobierno aumentó el número de las fuerzas de seguridad, con individuos de carácter auxiliar; vigiló las líneas telegráficas y telefónicas, para mantener una mejor comunicación; estableció destacamentos en las poblaciones de la entidad, más en las amagadas por “los revoltosos”; e instó a los hacendados para que formaran grupos de seguridad interna en sus respectivas propiedades.
Para la ciudad de Zacatecas, el gobernador autorizó la contratación de más una docena de individuos para que vigilen puntos específicos de la capital.
La particularidad en estos sujetos es su procedencia: la cárcel de hombres. Se excarceló a quienes propuso el jefe político de Zacatecas, Alberto Elorduy.
La lista de los nominados indica que les faltaba menos de un año para concluir su encierro. A cambio de la conmutación, los sujetos trabajaron en la seguridad pública y abonaron una fianza económica. Tres fueron los puntos populosos que contaron con dos exreos como vigilantes: la jefatura política, el Mercado de Carnes y la Alameda…
*Historiador y profesor
universitario




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