Monday 16 de January de 2017

Enemigos de los centros históricos

     30 May 2012 04:00:00

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A propósito del tema permanente, no está demás recordar que los enemigos de los centros históricos no descansan y atacan de modo visible y otras veces tras bambalinas, pero siempre logran su insoportable objetivo.  

Se supo que un visitante importante, recientemente fue llevado a comer (cabrito del semidesierto) al salón o restaurante de la cristalera del Hotel del Bosque; si así fue, esa es una manera de consentir o legitimar una agresión continua y continuada al paisaje del núcleo histórico “protegido” por la UNESCO. Un gobierno sensible y comprometido con el patrimonio histórico incurre en una lamentable práctica al patrocinar eventos en una finca que representa la decadencia del Centro Histórico.
Decía Don Federico Sescosse que, los enemigos de los centros históricos comenzaban con la letra “p”, así señalaba:
1. Políticos: uno de los gremios más peligrosos para los monumentos históricos son los políticos, porque son rapaces e insaciables, se adueñan de fincas antiguas o conceden permisos a sus allegados sobre monumentos en manos de particulares o desgracian deliberadamente. Una subespecie de los políticos suelen ser los presidentes municipales.
2. Palomas: por el guano (acumulación de excrementos de aves o murciélagos) que se alojan entre las columnas, los frisos o fachadas labradas, sobre cornisas y hornacinas de modo que carcome lenta pero inevitablemente la piedra, aún el mármol, y, especialmente resulta destructiva si se trata de materiales de consistencia porosa como la cantera.
3. Párrocos: por las arbitrariedades que cometen en los templos a su cargo, por deficiencias regulatorias, son depositarios de los bienes de la nación (que consiste en arte sacro), que pueden usar con fines litúrgicos, normalmente incurren en omisiones en los cuidados a los inmuebles y muebles antiguos de uso religioso, más aún si resultan “ingeniosos” y hacen reubicaciones a su gusto, sustituyen mobiliario por estar “viejo” o hacen arreglos líricos según las limitaciones de los recursos, no obstante, en solitario y frente a un INAH indolente, los párrocos padecen la impotencia ante el robo de arte sacro que ha venido escalando en todo el país.
4. Peatones: aunque parezca una exageración, los ociosos que a su paso maltratan los exteriores de las fincas, les depredan accesorios; orinan en los muros y las puertas de las mismas, penetrando las heces en maderas y estucos o piedras.
5. Pintas (protestas): podrían quedar incluidas en daños de peatones, pero si aquellos son daños por vagancia indolente o mera maldad circunstancial, las pintas derivadas de protestas o en denuncia de causas sociales, son efectuadas por los integrantes de movimientos que se expresa deliberadamente en las calles, sobre muros y puertas sus consignas de modo de provocar reacciones a sus exigencias o solidaridad a la bandera que enarbolan, creemos que los grafiteros deben ser incluidos en esta categoría porque alteran los espacios en los que dejan sus marcas a las que consideran arte, una suerte de posmodernismo suburbano, leve o radical. Francamente indeseable en los Centros Históricos, en cambio, interesante en los espacios urbanos modernos como sello del tiempo.
6. Postes: el cableado soportado en el pasado en postes de madera era menos agresivo que los de cemento o metal que hoy soportan las líneas de la electricidad de alta y de baja “tensión”.
7. Portones: las fincas de los Centros Históricos contaban con pórticos relativamente estrechos, aún por donde pasaban los animales para el corral (del fondo de la casa) y los carruajes. Con la multiplicación de los automóviles la primera reforma que se viene autorizando a los propietarios de fincas consideradas valiosas es para portones de acceso amplio, casi todos con puertas metálicas y hasta puertas revestidas de plástico de colores claros (portones que se dirigen por medio de mando a distancia).
En tono de sorna Don Federico Sescosse agregaba que la última “p” era un cajón de sastre en el que cabía de todo y desde luego los pusilánimes (cobardes) que les tiemblan las corvas para evitar en su día se construyan adefesios que vengan a dañar la imagen de una ciudad como la nuestra.
En 2009, cuando se edificó aquel espantajo del Baruk (Hotel del Bosque), la Junta de Monumentos, que quiso frenar esa monstruosidad, topó en seco con toda la energía consentidora del entonces alcalde Cuauhtémoc Calderón, que avaló la obra y claro está, con el discurso voluble de Rafael Flores, entonces secretario de Turismo, que se deslinda de haber participado en permitir ese despropósito, pero que en cambio, estaba muy interesado en las intervenciones de templos con supuesta justificación turística.
Por tanto, acudir a un sitio que destruye de noche y de día la armonía ancestral de la ciudad, es como haber participado en su lamentable edificación.

fjacuqa@hotmail.com
Twitter: @f_javier _acuna




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