Friday 20 de January de 2017

“Esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva, en que habite la justicia”

El Día del Señor

     4 Dec 2011 03:40:00

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INTRODUCCIÓN
Celebramos hoy el segundo domingo del adviento del Ciclo B y en él, la palabra de Dios nos anima a renovar con alegría y confianza en las promesas divinas, nuestra fe bautismal bajo la luz y energía del Espíritu Santo.
En nuestro mundo actual, descubrimos y experimentamos, luces y sombras.
Nos anima, sin embargo, adherirnos al plan de salvación que el Padre eterno nos ha revelado por medio de la encarnación de su Hijo; pero experimentando al mismo tiempo, tribulaciones, llanto, amarguras y muerte, que parecen cerrar el paso a la esperanza fiel, segura y gozosa de nuestra redención y liberación operadas por  Cristo, nuestro Mediador.
Con el fin de alcanzar en la esperanza viva “un cielo nuevo y una tierra nueva, en que habite la justicia” de acuerdo a las divinas promesas que transforman nuestras vidas en este mundo, y de generación en generación sea glorificado nuestro único Dios, uno y trino, quien nos quiere salvar de los males que nos aquejan, comenzando por el pecado y las insidias del Maligno.
Reflexionemos, pues, en la venida de nuestro Salvador y en la esperanza de una nueva vida para el tiempo que pasa y que como flecha aguda debe ser dirigida al corazón de Cristo, vida nueva e inédita.

DIOS NOS PROMETE POR JESUCRISTO UN CIELO NUEVO Y UNA TIERRA NUEVA, EN QUE HABITE PARA SIEMPRE LA JUSTICIA
Primeramente, siguiendo el evangelio de San Marcos que leemos y proclamamos en este tiempo de adviento, contemplamos hoy la figura señera de San Juan Bautista, el precursor de Cristo y quien invitaba en su tiempo a sus contemporáneos, para que arrepentidos  de sus pecados e injusticias con todo el corazón, recibiesen el bautismo de agua purificadora y de penitencia y de esta manera prepararan un camino al Señor que estaba por llegar para perdonar y capacitar el cumplimiento de la voluntad divina.
El bautismo de Juan, difiere del bautismo purificador y la circuncisión, que los judíos usaban para anexar a los prosélitos a la comunión judaica.
Lo mismo distinto del bautismo meramente purificatorio del grupo religioso  de los esenios.
En esto consiste la novedad del bautismo de Juan, que también difiere del bautismo de Jesús, que es desde luego penitencial, pero que a la vez infunde una vida nueva que pertenece ahora a la comunión eclesial y cristiana fundada por Cristo.
Borrando de esta manera eficazmente todo pecado que se rechaza por amor al Dios único y verdadero, quien tiene la potencia infinita de perdonar por su misericordia los pecados de la humanidad de todos los tiempos y lugares.
A raíz y principio del bautismo de Jesús, “nosotros confiamos en la promesa del Señor y esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva, en que habite la justicia”.
El despertar por pura gracia divina de un hombre y mundo nuevos es el mensaje bíblico y litúrgico del Adviento.

¿EN QUE CONSISTE LA NATURALEZA DEL CIELO NUEVO Y LA TIERRA NUEVA QUE DIOS NOS PROMETE?
 Se trata del penoso alumbramiento de una humanidad y mundo  nuevos que es fruto de una conversión sincera y profunda de todos y cada uno de los cristianos y de todo hombre de buena voluntad.
Porque si hablamos de un cielo nuevo y una nueva tierra, en donde more la justicia, esto no será posible, si no precede la conversión personal y abierta a la trascendencia de Dios y por lo tanto, no será posible establecer la convivencia eclesial y social, con sus instituciones y estructuras que faciliten, sí, el establecimiento de naciones y comunidades que brillen por sus organizaciones para procurar el bienestar y la seguridad que tanto necesitamos en estos días.
Eliminando las luchas fratricidas, las agresiones de grupos criminales organizados que tanto dañan con sus crímenes, extorsiones y despojos violentos, que nacen de la ambición desmedida y del dinero y el poder en todas sus formas y manifestaciones.

CONCLUSIÓN
Generosidad y entrega en la obra de la redención y tomando actitudes de sincera y verdadera conversión, vayamos al encuentro de Jesús, quien se hizo hombre para ser camino, verdad y vida de todos los que esperan en él.
Fijemos nuestra mirada de fe en la persona de Juan Bautista, quien como humilde heraldo del Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, nos exhorta ayer y hoy, para que bien dispuestos y en estado de profunda oración, recibamos los frutos de la redención eterna, más allá de las penas y sufrimientos de esta vida para que ésta sea inicio y hacia la plenitud, del nuevo cielo y la tierra nueva.

*Obispo Emérito de Zacatecas




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