Saturday 21 de January de 2017

Estad alegres y vigilantes en la espera del Señor

El Día del Señor

     6 Nov 2011 03:40:00

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Jesús enseña a esperarle a través del perdón. (Cortesía)
Jesús enseña a esperarle a través del perdón. (Cortesía)

INTRODUCCIÓN
El tema de la vigilancia atenta y sin desmayar, se hace presente desde este domingo y los dos siguientes que cierran el Ciclo A de nuestra liturgia. Se insinúa ya el tiempo del Adviento que ha de prepararnos para celebrar una vez más, el nacimiento de Jesús en Belén de Judá
El evangelio de San Mateo para este domingo, nos presenta la parábola de las vírgenes prudentes y sabias, en contraste con las negligentes y descuidadas, que esperan la llegada del esposo para celebrar su boda. Son doncellas amigas de la novia que han sido invitadas para que con sus lámparas encendidas acompañen a la novia para participar en el banquete nupcial.
Reflexionemos ahora en las enseñanzas que Cristo nos da, para luego precisar qué significa nuestra espera alegre y fiel para recibirlo y participar con El de sus nupcias con la humanidad que ha venido a redimir y liberar, por medio de su Esposa, la Iglesia, que nos desentraña el misterio de la presencia del Hijo de Dios hecho hombre, como Esposo solícito, generoso y fiel de ella.

ESTAD ALEGRES Y VIGILANTES EN LA ESPERA DE CRISTO, EL SEÑOR
A partir de la parábola de las diez vírgenes que esperan la llegada del esposo, de acuerdo a la enseñanza de los santos Padres en la tradición cristiana, podemos hacer los siguientes señalamientos.
El banquete de bodas es el Reino de Dios; el esposo cuya venida se espera, es Cristo; el retraso del novio es la demora de la venida del Señor; las diez doncellas del cortejo son la comunidad que aguarda; la llegada repentina a medianoche es la hora imprevisible de Dios; la admisión o rechazo de las jóvenes es la sentencia favorable o desfavorable en el juicio al final de los tiempos, cuando Cristo venga definitivamente para juzgar a los hombres de acuerdo a sus buenas o malas obras. Esto requiere vivir con alegre, generosa y vigilante espera de Cristo, el Señor.
Efectivamente, esta parábola, incide directamente sobre la actitud propia del cristiano, en el tiempo histórico e intermedio, entre la Resurrección de Jesús y su vuelta al fin de los tiempos, cuando venga lleno de gloria y majestad para dar gloria dichosa y definitiva para los que sean fieles y rechazo eterno a quienes no quisieron escuchar su evangelio y llevarlo a la práctica. “El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará” (Mc 16, 16).

EN ESPERA VIGILANTE Y CON LA SABIDURÍA DE LA FE
Debidamente en la enseñanza del Maestro Jesús, el aceite que alimenta las lámparas de las vírgenes, es la sabiduría de la fe evangélica que acompañada de las buenas obras de amor a Dios y a los prójimos, debe alimentar todo nuestro ser de discípulos misioneros de Cristo, para ser luz del mundo y sal de la tierra.
Mientras vivimos día a día, estamos en tensión saludable, si así lo entendemos y lo vivimos, en espera de Jesús a quien nos queremos unir, ahora por medio de la fe, la esperanza y la caridad, después en la visión del cielo, cuando participemos del banquete eterno de una existencia perfecta e interminable en la comunión de los santos en torno a Cristo, radiante y resucitado.
Ser sensatos como las doncellas prudentes que se prepararon para el encuentro del esposo con sus lámparas y el frasco del aceite, ha  ser el tenor de vida cristiana que debe caracterizar nuestro modo de ser y actuar, en compañía de María y los Santos.
 Ellos nos han dado verdadero ejemplo de espera dichosa y fiel, luchando todos los días para esperar a Cristo que se nos da abundantemente en su Palabra y en el Banquete Eucarístico, como adelanto real y verdadero de lo que será el gran banquete de bodas de la humanidad redimida en el cielo y ya presente en la Iglesia que es la comunión fraterna de los discípulos de Jesucristo llamados a estar con El, ahora y para siempre.

CONCLUSIÓN  EXHORTATIVA
En la vida de cada cristiano, sin ser suplidos por nadie, ha habido un momento clave en el cual se encendió la luz de la lámpara bautismal.
A este momento, se refiere el frecuente simbolismo litúrgico de la luz pascual.
Es deber consecuente, alimentar esa luz constantemente con el amor y la fidelidad diaria, para no encontrarnos desprovistos de aceite en el momento culminante e imprevisible de la venida del Señor, cuando llegue la hora de nuestra muerte y pasemos con su gracia misericordiosa de este mundo a la gloria del Padre inundados con la luz, la fuerza gozosa y victoriosa del Espíritu Santo.
Acojamos con responsabilidad y con decisión firme, las palabras de Jesús, que en un ayer lejano escucharon sus contemporáneos y que ahora deben ser muy nuestras en el camino de la sabiduría de la fe.

*Obispo Emérito de Zacatecas




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