Tuesday 24 de January de 2017

“Este es mi Hijo amado. Escúchenlo”

El Día del Señor

     4 Mar 2012 03:40:00

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Tened fe que sus promesas son ciertas.
Tened fe que sus promesas son ciertas.

INTRODUCCIÓN
Estamos ahora celebrando el Segundo Domingo de Cuaresma, y en él, contemplamos la transfiguración de Jesús en el Monte Tabor, en la presencia de los discípulos Pedro, Santiago y Juan. Con Jesús también están presentes misteriosamente el profeta Elías y Moisés, el legislador del pueblo de Dios.
Estos dos hombres hablaban con Jesús acerca de lo que tenía que padecer y morir en la cruz para luego resucitar.
El profetismo representado por Elías y la ley por Moisés, tienen su punto de convergencia en la persona de Jesucristo, quien de acuerdo con el designio de Dios, realiza, lo que anunciaban estos dos personajes.
Con Jesús hemos llegado a la plenitud de los tiempos. Con su presencia, doctrina y acción lleva a plenitud las enseñanzas de los profetas y de los legisladores del Antiguo Testamento.
Estamos ya en el desarrollo del Nuevo Testamento y dentro de él, El Padre eterno, en el seno de una nube que se formó de pronto, en la cima del monte, dejó oír su potente y estremecedora voz: “Este es mi Hijo amado: ¡Escúchenlo!”.

ESCUCHAR A JESÚS EN LA PLENITUD DE LOS TIEMPOS, ES EL MANDATO DEL PADRE ETERNO EN ORDEN A NUESTRA SALVACIÓN TEMPORAL Y ETERNA
Para entender y profundizar en la realidad que expresan estas palabras que hicieron vibrar la cima de la montaña, reflexionemos para llevar a efecto nuestro encuentro cuaresmal con Cristo, Palabra temporal y eterna de Dios, uno y trino.
A lo largo de la historia de salvación y desde tiempos inmemoriales, los hombres, en las diversas culturas y naciones, han producido y oído millones y millones de palabras. En el tiempo y espacio históricos que nos tocan ahora en nuestra generación, se multiplican a granel muchos más millones de palabras en: conversaciones, relaciones y comunicaciones de diverso tipo. Los libros que se han escrito en el desarrollo de la vida de la humanidad, encierran, desde ayer, en el presente y hacia el futuro, palabras y más palabras, imposibles de retener en la propia conciencia y mucho menos abarcarlas.
Con el advenimiento de los maravillosos medios sociales de comunicación: radio, periódicos, libros, bibliotecas, y sobre todo los medios audio visuales del cine, de la televisión, el internet y sus derivados, la comunicación entre los hombres se ha desarrollado de manera instantánea a través del mundo cubierto por los satélites espaciales que conectan cada día y a todas horas a los diversos pueblos del planeta.
Estamos asombrosa y profusamente, saturados y rebasados, ante las informaciones que están siempre a nuestra disposición, usando los teléfonos celulares que se han expandido en cantidades enormes a lo largo y a lo ancho del mundo.
Así, el progreso y desarrollo de los hombres en la actualidad, retienen un inmenso e inabarcable caudal de conocimientos científicos, ideologías, interpretaciones filosóficas del ser y del actuar de los humanos y del mundo que nos sostiene y nos rodea, en la inabarcable realidad del macro y micro cosmos.
Todo el universo en el cual estamos inmersos, cada día nos muestra su inmensidad global y única. Y en este universo en el cual vivimos y nos desarrollamos, en la plenitud de los tiempos y en el orden infinito de las religiones y especialmente, la nuestra, Dios nos ha hablado de muchas y múltiples maneras.
Todo esto, y la luz religiosa de la revelación divina, nos lleva a Jesucristo, La Palabra divino humana de este Dios que nos revela su infinita y eterna sabiduría, misterio insondable de su ser divino en el cual nos creó y nos elevó a la altísima dignidad de hijos adoptivos suyos por Jesucristo, el único y definitivo salvador de los hombres, unidos por el designio de Dios.
Que nos ama y desea participarnos su vida, más allá del pecado y las deficiencias de los hombres.
Cristo en definitiva es La Palabra eterna de Dios. Palabra del Padre, Palabra encarnada al hacerse hombre como nosotros, menos en el pecado del cual nos vino a salvar y redimir.
Hoy, y siempre esta Palabra es la razón de nuestra vida y existencia en el caminar por este mundo hacia la patria eterna del cielo a la cual, Dios nos ha destinado movido por su amor, generosidad y sabiduría.

¡ESCUCHAR A JESÚS, ES ENCONTRARNOS PERSONALMENTE CON EL PARA QUE EL SEA VIDA Y RESURRECCIÓN!
El Padre eterno habló, potente y radiante de luz, en la persona de su Hijo Jesucristo, quien dejó descorrer por un poco de tiempo, allá en el Tabor, su belleza divino humana, al transfigurarse. Con esta transfiguración dejó ver lo qué es la resurrección hacia la cual se encaminaba, teniendo por testigos en el Tabor a Elías y a Moisés, ante los discípulos atónitos y maravillados en esa experiencia con Jesús.
Hoy, a la luz del evangelio de Marcos, quien nos narra este hecho sorprendente de la transfiguración de Jesús, y dentro del tiempo de la Cuaresma, estamos llamados, todos y cada uno, a escuchar a Jesús por mandato de su Padre celestial.
Escuchar a Jesús más allá de todas las palabras que diariamente escuchamos, escribimos y hablamos, es asumir con sabiduría y gratitud, la infinita y única Palabra que da sentido a nuestra existencia y actividad aquí en la tierra.
Es la Palabra que recapitula todas las palabras que se producen en este mundo.
Es la Palabra que nos purifica y nos hace trascender las tinieblas y sombras de las palabras pecaminosas que egoístamente nos separan de Dios y de nuestros prójimos, en los cuales Jesús nos habla con las dimensiones de su verdad, amor y vida que ya, después de resucitado, no tienen ni tendrán fin.

CONCLUSIÓN
Al ver y fijar con ojos de fe iluminada, la figura radiante de Cristo transfigurado, pidámosle que siempre con fidelidad, entrega y servicio, lo escuchemos y que de esta manera sea vida y resurrección nuestras a través de los retos y desafíos en los días de nuestra vida.
Camino abierto hacia la transfiguración hecha nuestra por la respuesta que con el evangelio demos a Dios y a los hermanos, para que obtengamos el beneplácito de Dios y el gozo adelantado de nuestra transfiguración espiritual y moral en esta cuaresma como preparación gozosa para celebrar renovados la Pascua de Resurrección de Cristo, nuestro Señor.

*Obispo Emérito de Zacatecas




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