Wednesday 18 de January de 2017

Experiencia trágica y creación literaria

     17 Jun 2011 04:00:00

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Acaso por la imperiosa necesidad de dar orden al caos y al dolor existencial, hay una importante relación entre momentos trágicos de la historia y la creación literaria. Podría decirse que el individuo busca dar forma al drama de la vida, quizá con el afán de comprender el mundo que le ha tocado vivir.
Por ejemplo, el siglo 20, que será recordado no sólo por sus innovaciones científicas sino también por las dictaduras, los totalitarismos (nazismo, fascismo, estalinismo) y las dos guerras mundiales, es, además, un siglo de gran esplendor literario que expone las heridas del sin sentido existencial y ofrece representaciones del mal depositadas en distintas figuras.
Pienso en el neorrealismo italiano o en el existencialismo, desarrollado sobre todo en Francia por autores como Jean Paul Sartre (“La nausea”) y Albert Camus (“El extranjero”). También en las grandes obras latinoamericanas que se gestaron durante las dictaduras latinoamericanas, a través de escritores como Julio Cortázar, Juan Carlos Onetti y Ernesto Sábato.
En términos generales, se puede decir que ante la gran desazón espiritual de aquella época, la literatura recurre a la ironía, como conciencia de la paradoja, para responder a preguntas fundamentales en torno a tres temas centrales: lenguaje, yo y mundo.
Casos paradigmáticos de este pensar irónico son “Cartas de Lord Chandos”, escrita en los albores del siglo 20 por Hugo von Hoffmansthal, quien reflexiona en torno a la crisis del lenguaje y el desfallecimiento de la palabra para nombrar a las cosas en su singularidad. También “La señora Dalloway”, donde Virginia Woolf descubre las fisuras del yo al escudriñar la interioridad de sus personajes.
Lo mismo puede decirse de “Las ciudades invisibles” de Italo Calvino, quien recurre a la ironía para criticar la noción de utopía terrenal, como resultado de la idea del progreso, que derivó en los totalitarismos del siglo pasado; o bien, “La insoportable levedad del ser”, donde Milan Kundera se pregunta sobre el olvido del ser, al tiempo que describe la brutal represión soviética sufrida en su natal Checoeslovaquia.
En cierto sentido, estas obras irónicas me recuerdan a la propuesta de Walter Benjamín cuando analiza el Ángel de Klee, ya que, desde su perspectiva, el ángel invita a desarrollar la mirada incisiva del conocimiento de la crisis, la mirada que se mueve en el desorden, en la paradoja y la multiplicidad, pero tiene la esperanza de encontrar salidas al laberinto de la vida humana.
Sobre estos temas gira mi libro “Ironía: arte y pensamiento”, el cual tengo ahora en mis manos, pues acaba de ser publicado por la editorial Plaza y Valdés.

*Miembro del Sistema
Nacional de Investigadores




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