Monday 23 de January de 2017

Explotación

Periferia: Arte contemporáneo

     21 Dec 2012 03:20:00

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Obstrucción De Una Vía Con Un Contenedor, Santiago Sierra (1998). (Cortesía)
Obstrucción De Una Vía Con Un Contenedor, Santiago Sierra (1998). (Cortesía)

Se puede pensar en la obra de Santiago Sierra (España, 1966) como minimalista. En sus propias palabras, el minimalismo tiene una efectividad visual absoluta; toda la información llega al espectador de un solo golpe.
Sin embargo, el minimalismo también es una forma de supremacía de lo industrial, que desprecia cualquier referencia al contexto y a las circunstancias políticas. La estandarización de la producción es una forma pura de minimalismo.
Pensemos por ejemplo en los contenedores de carga para el comercio internacional: todos son iguales, fabricados con las mismas medidas y materiales. La forma desaparece y no obstaculiza el movimiento de mercancías.
Podemos trazar un paralelismo entre el minimalismo industrial y el consumo cultural: Generalmente las manifestaciones culturales se presentan en contextos favorables. La galería es el espacio diseñado para recibir a la obra de arte, para mostrarla completamente aislada de cualquier interrupción externa.
Esta desaparición del contexto, o su anulación, para permitir el flujo de mercancías y el consumo sin interrupciones son producto del capitalismo.
Santiago Sierra con su obra se propone exactamente lo contrario. Sus esculturas, en apariencia minimalistas, son una intromisión, crean un problema. Quizá la obra que mejor lo muestra es Obstrucción de Una Vía Con Un Contenedor de Carga (1998).
El autor consiguió un contenedor de carga para bloquear los carriles laterales del periférico de la Ciudad de México por cinco minutos. En términos visuales es un prisma blanco utilizado para bloquear la calle, con una gran carga simbólica.
Cuando el contenedor es girado 90 grados no sólo pierde su función, sino que se convierte en un obstáculo para los flujos capitalistas que simboliza una avenida, en este caso la más importante de la ciudad.
Su obra va más allá del comercio de mercancías, hacia las relaciones de explotación que se dan en el trabajo. En términos simples, el trabajo es la venta del tiempo, el cuerpo y la inteligencia de una persona. El que trabaja espera una remuneración que le permita vivir, y recuperar fuerzas para volver a vender su tiempo y esfuerzo.
En algunas de sus obras, Sierra utiliza a trabajadores, muchas veces ilegales, para realizar tareas sin sentido. Todos reciben un pago por su trabajo, que puede consistir en sostener el muro inclinado de una galería por cinco días (2000), veteranos de guerra en una galería parados mirando a la pared (2012), permitir que se les tatúe una línea en la espalda (1999), o cavar un agujero que podría ser su propia tumba (2002).
Muchas de estas actividades podrían parecer actos de tortura, y según Sierra lo son. Con su obra no pretende negar la realidad. El trabajo es la base de la producción industrial, y también cultural. Los artistas son trabajadores.
Pero hay distintos grupos de trabajadores. Unos, los artistas, tienen un nombre y su trabajo tiene una gran plusvalía; otros, no. Sin embargo, las relaciones de explotación, por las que ha recibido tantas críticas, ya estaban ahí.
Quizá el verdadero problema, es que nos incomoda que esa explotación se haga evidente, y encima la pongan frente a nosotros.

*Coordinador del Muno




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