Tuesday 17 de January de 2017

Feliz Año Nuevo

     8 Jan 2013 04:00:00

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De la misma manera que muchas otras personas, con los primeros minutos del Año Nuevo sentí que toda mi vida regresaba -una vez más- a tabula rasa. !Fuera defectos, vicios, kilos de más y asuntos sin definir!
Me encantan las celebraciones decembrinas ahora que, si soy honesta, el espíritu navideño me rebasa más cada año y sólo comienzo a relajarme por ahí de Reyes cuando regreso a la cotidianidad.
Últimamente termino las festividades preguntando porqué estoy tan cansada, tan gorda y tan gastada si sólo se trataba de celebrar -en mi caso- el nacimiento de Jesús, el amor de la familia y de los amigos, y dar gracias por concluir el año de la mejor forma posible.
Pocas cosas conservan su objetivo durante estas fechas.
No creo que para estas celebraciones (como sea que surgieron) se contempló tanto pavo, pastel, tamal, atole, alcohol, desvelada, regalo, y demás excesos que ya son propios de la temporada.
Estamos tan perdidos del objetivo, que llenamos las casas con todo tipo de imágenes de Santa Claus, siendo que en México el que trae los regalos es el Niño Dios, o sea que el señor vendría siendo el achichincle repartidor, ¿o cómo?
Colgamos muñecos de nieve ajenos a nosotros y calcetas para chimeneas que no existen en nuestra arquitectura, ponemos arbolitos de todos colores sin cuestionarnos qué simbolizan, nada más por que así se usa sin saber porqué.
Estamos tan ocupados comprando regalos, preparando comida, adornando las casas, atendiendo compromisos sociales, organizando viajes o ayudando a los seres mágicos a cumplir los deseos de los niños, que ya no nos cuestionamos nada, sólo celebramos "algo" que implica beber, comer y regalar.
Pasada la Navidad seguimos chambeando para recibir el nuevo año. Como tenemos la idea de que de un día para otro todo cambiará como por arte de magia, nos apuramos a realizar un inventario de vida y plantear los objetivos para el año que comenzaremos (que casi siempre son los mismos que no hemos cumplido en años) y al final le dejamos la magia a las maletas, las escobas y las 12 uvas, en vez de fortalecer nuestro interior.
Me encanta compartir la mesa para dar gracias con la familia y me parece genial el sentido de renovación que me permite volver a "agarrar vuelo” y me provoca hacer un inventario de lo que no me gustó y de lo que fui capaz de realizar. Pero siempre volvemos a nuestra realidad, justo en donde la dejamos, y hasta el próximo diciembre nos daremos cuenta que -otra vez- no utilizamos nuestras capacidades al máximo y no dijimos a nuestros seres queridos suficientes "gracias", "te quiero", "me importas".
Se nos olvida que si entendemos lo que hacemos cada día del año, no dependemos de los quince últimos para transformar nuestra realidad.

*Ciudadana del mundo
AnaLizaZac@hotmail.com




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