Monday 16 de January de 2017

Fuera máscaras

Cartas desde el exilio

     22 Oct 2012 03:30:00

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Es muy sano que los empresarios mexicanos dejen constancia por escrito que a ellos sólo les interesa la economía y la proliferación de ganancias. Los temas de la consolidación democrática, la ampliación y mejoramiento de la educación, el incremento de la inteligencia popular y el aumento de los niveles de bienestar son verdaderamente secundarios o terciarios dentro de su agreste agenda.
En su reciente desplegado nacional, está clarísima la concepción que tienen del país. Lo visualizan como una suerte de patio fabril, mugroso, decadente, zafio y funcional. Más parecido a una barraca que a un territorio civilizado y fructífero, donde además de producir se pueda pensar y crear sin fines utilitarios.
Acaso por ello, las Gordillo, los Romero Deschamps y otras especies impresentables puedan desgañitarse en los podios sindicales sin sonrojarse, lanzando cínicos disparates, bravuconerías barrio bajeras y amenazas veladas. A éstos hijos del sistema podrido les tiene sin cuidado que una reforma laboral pudiera afectar las intenciones dictatoriales suyas. Siempre tendrán una robustez política suficiente para meter en cintura a los administradores del momento, y convencer a los empresarios de las ventajas que tiene negociar con ellos y no con instituciones obreras plenamente emancipadas.
Como hemos visto en estos días, algunos partidos, reyezuelos sindicales y hombres de negocios temen la posibilidad de un cambio cultural en clave democrática. ¿Por qué? Porque el comportamiento impredecible de la libre elección tiene sus bemoles, es más complicado calcular las trayectorias azarosas que las rutinas pétreas.
Hace poco un diario nacional dio a conocer que la mayoría de los empresarios nacionales son bastante pobretones en lo que se refiere a escolaridad, ya que alrededor del 90% de éstos poseen sólo estudios secundarios. Allá ellos, muy su gusto, pero es una desgracia que dejen a sus hijos en manos de líderes catetos que ni siquiera se preocupan por escribir discursos medianamente ilustrados.
A todos estos señores y señoras del poder los une una sola ambición, por cierto, bastante precaria: el deseo de riqueza. Quizá sea este el hilo común que los ayuda a tejer una misma telaraña sobre nuestra sociedad. Una trama que nos empuja a vivir y trabajar para que las expectativas de los poderosos se vean colmadas un día sí y otro también.
Sería graciosa la paradoja si no fuera demasiado trágica: vivir en un sistema donde la ignorancia espiritual sea inmensa, porque todas las energías de sus ciudadanos están volcadas a conseguir la jauja material de las élites.

*Miembro del Sistema Nacional de Investigadores
consolovin@hotmail.com




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