Monday 23 de January de 2017

Fuerza Femenina

Trabajan 12 horas y pasan hasta dos semanas sin ver a su familia

     8 Mar 2011 04:00:00

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  • La abuela minera, operadora de lavandería. La abuela minera, operadora de lavandería.
  • En México, Fabiola es la única mujer certificada como supervisora Dispatch. En México, Fabiola es la única mujer certificada como supervisora Dispatch.
  • En la lavandería se asea la ropa de todos los 
trabajadores. En la lavandería se asea la ropa de todos los trabajadores.
  • Los 930E son como un edificio rodante. Los 930E son como un edificio rodante.
  • Luptia Trejo arriba de su camión, con el cual puede cargar hasta 320 toneladas. Luptia Trejo arriba de su camión, con el cual puede cargar hasta 320 toneladas.
  • Lupita pasa 12 horas continuas en su camión. Lupita pasa 12 horas continuas en su camión.
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Una prima me contó, y cuando me dijo que era para manejar camiones, me asusté, más que nada porque no sabía ni manejar


MAZAPIL.- Antes de Peñasquito, las vidas de Lupita Trejo, María de Jesús Treviño y Fabiola Flores Romo no tenían nada en común.
Lupita, cuyo padre fue comerciante, y su madre ama de casa, estudió hasta la secundaria.
María de Jesús se dedicó toda su vida al hogar, y Fabiola era una profesionista emprendedora con sueños de triunfo.
Entre tantas diferencias, sólo Lupita y Fabiola coincidían en algo: su juventud.
Por diferentes causas llegaron a la empresa de capital canadiense, internada en el semidesierto zacatecano, y ahí, además de una fuente de empleo, encontraron una segunda familia.
Además, las tres debieron dejar a sus familias en sus lugares de residencia, ahora vivien de tiempo completo en la mina.
La fuerza de voluntad
mueve montañas
En mayo se cumplirán tres años desde que Lupita Trejo llegó a Peñasquito.
Entró porque un familiar le contó de las bonanzas de la mina y como ella necesitaba el trabajo, se aventuró.
“Una prima me contó, y cuando me dijo que era para manejar camiones, me asusté, más que nada porque no sabía ni manejar, pero ella me animó, me dijo que aquí me enseñaban, y mire, aquí estoy”.
Desde entonces va a bordo de uno de los 55 camiones 930E 12 horas diaras, una semana de día y otra de noche, trasladando las rocas que salen del tajo (la parte en explotación minera que está a cielo abierto) hasta un despeñadero en el que se acumula el material.
De ahí las rocas van a una pileta, en la planta minera, donde son trituradas para separar los metales preciosos.
En cada viaje mueve hasta 307 toneladas, aunque su camión tiene una capacidad de 320. Al día hace un promedio de 30 viajes que duran entre 10 y 15 minutos.
Sólo baja del camión para comer o para ir al baño; después de cada viaje, registra en una bitácora los tiempos y el volumen que trasladó de un lado a otro.
Su trabajo es casi mecánico, pero tiene que estar alerta porque cada vez que carga o descarga, sobre todo cuando descarga, cualquier error de cálculo podría costarle más que un susto.
Para reducir los riesgos de un mal cálculo, el camión tiene instaladas cámaras digitales en la parte trasera, así los operadores ven en una pantalla desde la cabina lo que no pueden ver por los retrovisores.
El camión es tan grande que una de sus llantas mide 3.5 metros de diámetro.
Es como una edificio rodante, y si una se llegara a ponchar, sólo las labores para desmontarla tardarían hasta cuatro horas.
Antes de convertirse en minera, Lupita Trejo trabajó en una fábrica de ropa, pero ahora dice que no cambiaría por nada su actual empleo.
Le pagan cada 15 días. Una quincena le dan 4 mil 500 pesos, otra 5 mil y otra 6 mil 500. Luego se repite el ciclo. Además de la capacitación constante, recibe bonos de despensa, créditos y las prestaciones de ley.
“Lo más pesado aquí es acostumbrarse al ritmo de trabajo”, dijo al recordar que para conservar su empleo debe dejar a su pequeña hija al cuidado de su madre en Fresnillo.
La ve una semana cada 15 días, lapso en que procura darle toda la atención que durante las próximas dos semanas no le dará.
La abuelita minera
La enfermedad que imposibilitó para trabajar al esposo de María de Jesús Treviño fue la principal causa por la que “la abuela” buscó empleo.
Por su edad no encontró trabajo en Monterrey, Nuevo León, donde radicaba con su familia, aunque es originaria de Concepción del Oro, Zacatecas.
Buscó empleo en otras partes, “de lo que fuera, pero ya no confían en uno porque ya está viejo”.
“Trabajar en la mina me cambió la vida”, dijo en una pausa en sus labores en la lavandería donde es operadora.
Trabaja 28 días seguidos y descansa 14, tiempo que dedica por completo a su esposo.
“Lo llevo a sus citas al Seguro (IMSS) que ahora tiene porque yo lo aseguré, le ordeno sus medicamentos y le hago compañía”, relató.
Por su prolongada estancia en la mina, sus seis hijos le dicen que abandone el trabajo, pero ella se rehúsa porque sabe que no encontrará otro en ninguna parte.
Aunque está muy a gusto en su empleo, extraña los momentos de convivencia con su familia, sobre todo con sus tres nietos, pero sabe la responsabilidad que tiene que sacar adelante.
Lo que más le gusta de su trabajo es el compañerismo y que todo mundo le diga “la abuela”, porque es la mujer de más edad en la mina.
Única en México
Fabiola Angélica Flores Romo se tituló como ingeniera en Sistemas, y después de tres años de capacitación continua, se convirtió en la única mujer en México supervisora certificada de Dispatch (despacho).
Además, es la única mujer en su departamento.
Se encarga de controlar los ciclos de acarreo de las cuatro palas mecánicas que extraen el material de la veta minera y cargan a camiones 930E.
Debe estar pendiente, durante 12 horas diarias, siete días de día y siete de noche que las cargas sean trasladadas a los tiraderos correctos.
Adicionalmente da soporte técnico a los operadores que reportan fallas en sus equipos.
Todo lo hace mediante sistemas de cómputo.
Es originaria y radicada en Zacatecas capital y después de recibir su certificación como supervisora Dispatch, está preparada para trabajar con el mismo puesto en cualquier parte del mundo.
Antes de llegar a la mina trabajaba para la industria automotriz. “Nunca imaginé que sería minera”, dijo.
Es divorciada y tiene dos hijos que cuidan sus padres.
Para ella “vale la pena estar aquí (en la mina), porque hay muchos apoyos, como becas para los niños y gastos médicos”.
Recuerda que cuando llegó a la planta, lo que más le costó trabajo fue acostumbrarse a las botas, pues para andar por la mina es obligatorio calzar botas especiales, chaleco con reflejantes y casco, el equipo básico de seguridad.
“Antes yo usaba puras zapatillas, así que me caí varias veces (con las botas)”. Ahora la indumentaria de minero es parte de su personalidad.
“Si te gusta lo que haces, vale la pena” cualquier sacrificio, porque luego “no lo ves así”.
También vive en la mina, en el campamento, alejada de la familia, los amigos y las cosas que más quiere, “pero aquí encuentras una oportunidad para desarrollarte y crecer. La meta es el cielo", dijo.

Aquí encuentras una oportunidad para desarrollarte y crecer. La meta es el cielo




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