Thursday 19 de January de 2017

Gobernador abstracto

     12 Mar 2013 03:30:00

A- A A+

Compartir:

El poder no se comparte ni se desplaza ni se deja de ejercer. El poder real hace al político, cuando es político, y lo enloquece cuando lo ejerce de forma abstracta. El poder es gobernar bien, para todos, es fomentar la democracia y fomentar los equilibrios entre las fuerzas políticas competentes, entre quienes luchan todos los días por una mejor sociedad y saber escuchar al pueblo que le grita sus necesidades todos los días. El gobernador contemporáneo está fogueado en democracia moderna, en la negociación de ganar-ganar, en un discurso pragmático y real (no irreal ni tampoco realista mágico) y ejerce el poder sin la más mínima intervención de las vísceras.
Hay gobernadores que pierden la dimensión de sus funciones por la espesa cortina de humo que sus achichincles, de buenas y malas intenciones, le han creado en un trono rosa y romanticón, con cetro de oro y lleno de palabras malditas que nacen de la adulación. Es cuando esos colaboradores “fieles” no sólo operan como islas al poder central que debería tener el gobernador, sino que han montado ya gobiernitos alternos, con decisionitas paralelas y poderitos de chispas de piedra. Han convertido los presupuestos de instituciones y secretarías en la cueva de Alí Babá y sus 40 amigos. Es, entonces, cuando no sólo constriñe al poder central, toral, sino lo elimina sembrándolo en un terreno más abstracto que un paisaje de Felguérez.
El gobernador abstracto está condenado a la burla de la historia, a ser una especie de colchón de tiro al blanco porque quien le pega más al centro gana más. El gobernador abstracto es gobernador sin serlo, ejerce el poder sin tenerlo, camina sin caminar, se ha puesto un traje de demócrata cuando anda desnudo paseándose por las calles y habla sin hilar las frases que sus gobernados quisieran escuchar; las que nacen y se hacen de un gobierno equilibrado y un poder fuerte, anticipado e inteligente.
No todos quienes nos gobiernan se convierten en buenos gobernantes sólo por superar la adversidad de ganar unas elecciones casi imposibles. Abraham Lincoln dijo que "casi todos podemos soportar la adversidad, pero si queréis probar el carácter de un hombre, dadle poder." Y es precisamente eso, el carácter, el que hace crecer o destruye al gobernante. Todo lo demás, incluido el hablar siempre y ante cualquier micrófono, lo desfigura.
Al gobernador que se sale de la dinámica de la abstracción le es urgente jugar bien al ajedrez político, mover sus piezas con destreza, aliarse con el tiempo que está siempre a su favor porque él debe ejercer el poder con control de daños y estrategia, por encima de la cortina de humo que lo envuelve y para evitar vestirse de payaso, sin serlo. O lo que es peor aún, hacer el mal sin proponérselo. Por eso me quedo con la frase de Oscar Wilde: "el poder nada es en sí mismo: lo hermoso del poder es que permite hacer el bien".

*Periodista freelance
Director de elhorizontal.com
edgarfelix@elhorizontal.com




Lo más leído
Aplicaciones


Servicios
$ Dolar
Compra 21.94
Venta 22.44
€uro
Compra 23.31
Venta 23.81

Multimedia



©Todos los derechos reservados
GRUPO EDITORIAL ZACATECAS, S.A. DE C.V.- De no existir previa autorización, queda expresamente prohibida la Publicación,
retransmisión, edición y cualquier otro uso de los contenidos de este portal.




Aviso de privacidad