Thursday 19 de January de 2017

Gracias, Chavela

¿Se le podría pedir más a Chavela Vargas? Seguramente no. Sólo queda darle las gracias por hacernos más bella y grata la vida

     20 Jul 2011 04:00:00

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Hace pocos días se fueron dos entrañables personajes, Facundo Cabral  y Adolfo Sánchez Vázquez. Afamadísimo cantautor y poeta el primero; prestigiado pensador, filósofo y humanista el segundo. Ambos tuvieron que morir para volver a echar sobre ellos, su obra y vida, la mirada de amigo y admirador.
De paseo por Chetumal, Quintana Roo, el paraíso caribeño; selva, mar y tierra donde reencontré la vida y crecieron mis hijos menores, encuentro a los amigos y al preguntar por otros me informan que ya no viven. Se fueron jóvenes. Descubro que la muerte se está haciendo cotidianidad.
Periodista de toda la vida, quien le agradece que me lea es necesariamente previsor. Están en mi archivo semblanzas y memorias de acercamientos y encuentros con grandes personajes que siendo noticia constante y viva, lo serán de ocho columnas o simplemente de primera plana en México y otros países de todo el mundo, cuando fallezcan.
¿Por qué esperar a que mueran para escribir de ellos? preguntaba anoche, en reunión de amigos, cuando era informado de que muchas personas que están en mi memoria han fallecido recientemente o hace años. Sea este breve texto para recordar a una mujer entrañable, amada y admirada desde hace  casi medio siglo. No esperaré a que Chavela Vargas se nos vaya.
En 1964 era alumno de la Preparatoria 3, más conocida como San Ildefonso. Vago y romántico por naturaleza, era asiduo a La hostería del Bohemio, un restaurante-bar nocturno.
Guadalupe Hernández, Carmen Becerra, Víctor Luis Delint Poblano, Maurilio Santana Fierros, Javier Gazca y quien escribe, éramos devotos de Chavela Vargas y no nos permitíamos una semana sin escucharla. Su voz ronca, pero seductora, sus canciones amorosas y dulces nos eran imprescindibles. A diferencia de ella, no agotábamos botellas de tequila. Nuestro peculio no daba para tanto, apenas para limonadas, cafés, cigarros y pastelillos.
No necesitábamos más porque el objetivo no era consumir, sino escuchar a la querida cantante que inundaba de amor el bello patio colonial de la antigua casona de Puente de Alvarado, muy cerca de la iglesia de San Hipólito, el santuario donde se venera a San Judas Tadeo.
Ahí dejábamos transcurrir tres o cuatro horas en las que la cantante, siempre vestida de blanco, nos seducía con cada una de sus canciones: Macorina, Piensa en mí, La llorona, Paloma negra. Tú me acostumbraste y tantas otras que nos conmovían.
La maravillosa vida, magnánima como es, dio a la mía y generaciones más recientes, la gloria de tener una cantante como ella. Apenas en abril de 2010, cuando cumplió 91 años, regaló al mundo otro disco, con lo que acumula más de 80 álbumes.
¿Se le podría pedir más a Chavela Vargas? Seguramente no. Sólo queda darle las gracias por hacernos más bella y grata la vida.

*Periodista




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