Thursday 23 de March de 2017

Guadalupe, con 162 colonias irregulares

Se estima que el 30% del territorio carece de escrituras

     18 Nov 2012 03:20:00

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  • Hay familias en pobreza extrema. Hay familias en pobreza extrema.
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La decisión de invadir un terreno a fin de tener un lugar dónde vivir le ha representando a Adriana Colunga depender de sus vecinos para cubrir necesidades tan elementales como ir al baño y lavar la ropa, pues su vivienda carece de luz, agua y drenaje.
Pese a esto, se siente afortunada de haberse quedado con un predio de 7 metros de ancho por 15 de largo en la colonia Ampliación Minas de Guadalupe, para lo cual sólo tuvo que levantar un jacal y ocuparlo “a la de ya”.
“Bueno, parece fácil, pero hay que hacer muchos sacrificios”, reconoce, ya que en ese lugar ha soportado fríos y el temor de que el aire levante su techo de láminas.
Historias como esta se cuenta por cientos en colonias como Arte Mexicano, Luis Donaldo Colosio, Tierra y Libertad, África, Ojo de Agua, Toma de Zacatecas, Ampliación Minas, La Fe e Ignacio Allende, por mencionar algunas.
Fue tal la magnitud que alcanzó este problema que el alcalde Rafael Flores Mendoza comienza a hablar de los asentamientos humanos irregulares con una premisa: “logramos frenar las invasiones”.
Asegura que esto ya es un gran avance, pues se ha desterrado la inercia que durante años impusieron “seudolíderes” en el municipio.
Luego de la buena noticia viene la otra parte de la historia: 162 asentamientos irregulares que requieren servicios básicos, transporte, recolección de basura y escuelas, en los que se deberán invertir al menos 200 millones de pesos en infraestructura.
Es muy fácil repartir lo ajeno y luego echarle la bolita al gobierno para que proporcione los servicios, dice. Sin embargo, Gilberto Álvarez Becerra, coordinador de Ordenamiento Territorial, asegura que el problema es más complejo de lo que parece.
Explica que si bien el ayuntamiento ha logrado documentar la existencia de 162 asentamientos irregulares, la cifra real podría ser de 300.
Según el funcionario, estos datos se desprenden de los registros que el área ha integrado de quienes acuden con la intención de regularizar algún predio, por lo que estima que al menos el 30% de la superficie del municipio está en situación irregular.

Se desinflan los líderes
Pese a la demanda de servicios básicos que requieren las familias que invadieron o compraron algún terreno en estos asentamientos, Flores Mendoza destaca que la prioridad es dotarlos de certeza jurídica.
En esto coincide Álvarez Becerra, ya que realizar este trámite no sólo facilita la dotación de esos servicios, sino que los posesionarios de los terrenos hacen conciencia de que no necesitan a ningún líder para tramitar sus escrituras.
“Ya no hay el pretexto de que invaden porque nadie les da respuesta”, aseguró, pues incluso iniciaron el registro de un banco de datos de personas que requieren algún terreno para vivir.
Según Adriana Colunga, al principio había un dirigente en la colonia que los intentó organizar, pero sólo les generó problemas.
Por eso un grupo de 13 mujeres comenzó a moverse por su cuenta y juntas han realizado los trámites ante el Coprovi y la presidencia municipal para obtener sus escrituras, platica.
Otro vecino de la colonia Toma de Zacatecas dice que cuando se instaló en su terreno no fue por invasión, sino porque lo compró a uno de los líderes.
“Lo malo es que nomás nos dejó embarcados y ahora nosotros somos los que nos hemos tenido que mover para tramitar nuestras escrituras”, explica molesto.
A la fecha, cuenta, son nueve las familias que hacen trámites para obtener las escrituras, que considera prioritarias, pues debido a que no ha acreditado la propiedad, la JIAPAZ no le puede hacer el contrato para el servicio del agua.
“Ahora nos dicen que cuando nos pregunten digamos que invadimos los terrenos para arreglar, pero no es cierto, nosotros los compramos”, asegura.
Acepta que cuando adquirió el predio sabía que podría aparecer algún otro dueño, pero el precio era accesible y decidió arriesgarse.
“Ya tengo aquí cinco años y nadie ha venido a reclamar, así que espero que se me respete porque he demostrado que tengo necesidad e interés por vivir aquí”, comentó.

Lucrar con la necesidad
Flores Mendoza sabe que durante mucho tiempo las invasiones y la venta de terrenos fue el negocio de varios líderes y particulares, lo que representa uno de los principales problemas para llevar los servicios básicos.
“No se justifica la demanda de tantos terrenos, ahí está el ejemplo de Tierra y Libertad que se entregó hace 40 años y todavía está sin habitar el 40% de los predios”, refiere.
Además, lamenta que se haya especulado con los terrenos, de ahí que existan personas que tienen hasta 20 lotes sin que padezcan algún tipo de necesidad.
Por situaciones como esta, agrega, las colonias ni si quiera pueden ser beneficiadas con recursos de programas federales como Hábitat.
Esto se debe a que entre los requisitos que se piden está que al menos el 70% de las calles estén habitadas y varios de los asentamientos irregulares no cumplen con las características.
De hecho acepta que resulta una paradoja que el ayuntamiento haya logrado gestionar recursos para la construcción de una alberca olímpica a un lado de estos asentamientos, pero si no hubiera aprovechado la oportunidad el recurso se hubiera invertido en otro lado.
“Son cosas que la gente no entiende”, explica.

Pobreza extrema
Según el estudio Pobreza y Circuitos Económicos en Guadalupe, realizado por la UAZ, la Universidad de la Gran Colombia y el Ayuntamiento de Guadalupe, más de 40% de la población vive bajo el umbral mínimo de pobreza que establece el Banco Mundial.
De acuerdo a estos parámetros, casi la mitad de los ciudadanos de estos asentamientos viven con menos de 23 pesos al día, es decir por debajo de la línea de dignidad.
A esto se suman problemas de hacinamiento, pues si bien el INEGI establece que el promedio de habitantes por vivienda en el municipio es de 3.8, hay jacales donde viven hasta siete.
Ejemplo de esto es el lugar que habita Adriana Flores, madre de seis hijos, aunque el mayor vive con su mamá.
“Ay dispense el tiradero”, dice, mientras muestra su jacal que divide en dos partes con un trozo de madera.
De un lado apenas si tiene espacio suficiente para una cama matrimonial y una litera que sirve para acomodar la ropa en la parte de arriba, mientras que abajo duermen cuatro de sus hijos.
En la cama matrimonial duermen ella, su esposo y su bebé de seis meses, la única mujercita, que vestida con un mameluco rosa mira atenta a su alrededor.
Del otro lado están la estufa, un sillón rojo y un mueble donde tiene colocada una pequeña televisión.
Sabe que no es mucho, pero se siente orgullosa porque el jacal lo fue construyendo sobre todo con la ayuda de los niños, a quienes baña a jicarazos y debido a que no tiene sanitario, usan un bote.
Lo positivo de estas familias es que la mayoría envía a sus hijos a la escuela, aunque en el horario de 1 a 5 de la tarde, pues en la mañana están los alumnos que viven en los fraccionamientos vecinos.
Si bien los niños deben caminar para llegar a la escuela, las distancias no son muy largas y los planteles de prescolar, primaria y secundaria cubren la demanda de los asentamientos.

carmeng@imagenzac.mx




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