Tuesday 24 de January de 2017

"Hibrismo" y Punto Final

     30 May 2012 03:30:00

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Hace días un culto y buen amigo me recomendó “En el poder y en la enfermedad” un espléndido libro del médico y político británico David Owen que enlaza sesudamente la medicina con la política, de cómo los males físicos y mentales del gobernante influyen o determinan la vida de sus gobernados.
El autor es médico de profesión especializado en neurología y cuenta con varias exitosas investigaciones en ese campo; dentro de la política fue durante 26 años miembro de la Cámara de los Comunes, ministro de marina, de asuntos exteriores, de sanidad; a nivel internacional fue designado por la ONU para presidir las negociaciones en Bosnia y recientemente rector de la Universidad de Liverpool. A lo largo del libro se da cuenta de las enfermedades de los más influyentes jefes de Estado en los últimos cien años, cómo influían estas en su actuar y como las enfrentaron, pero la mejor  parte del texto es donde habla de las enfermedades mentales de los gobernantes.
Sin embargo el eje y momento estelar del libro es el síndrome de hibrys. Este concepto surgió mucho tiempo atrás y lo debemos a los dramaturgos griegos que lo describían y contaban como actos de soberbia y desmesura del gobernante que afectaban a los gobernados, pero por lo cual después el gobernante recibía un castigo.
Owen describe al hibrys como “actos de desmesura e insensatez producidos por el poder y una continua megalomanía y ego… una perversa persistencia en una política demostrablemente inviable o contraproducente”.
Y señala que la hibrys consiste en la estupidez del autoengaño, en evaluar una situación en términos de ideas fijas ignorando o rechazando todo signo contrario, incapacidad para cambiar de idea o rectificar.
Dicho de manera más sencilla la hibrys es perder la humildad y el piso; es aferrarse a una idea pese que a todo esté en contra. En el libro se reseña que lo que más comúnmente lleva a la derrota o miseria a los gobernantes no son los problemas externos, problemas que siempre existen, sino su visión cerrada, complejo de superioridad e incapacidad de aceptar tendencias, propuestas realidades opuestas a su pensamiento.
Aunque Owen sólo habla de gobernantes el síndrome aplica a la perfección con candidatos que aún antes de ejercer el poder formal ya padecen “hibrismo” negándose a aceptar error alguno, crítica o tendencia desfavorable.
El “hibrismo” también aplicaría para militantes y simpatizantes que aunque no ostentan ni ostentarán el poder formal son y/o se sienten parte de ese poder y desde la campaña se niegan a aceptar tendencias, propuestas realidades opuestas a su pensamiento o preferencia. El síndrome de hibrys no es exclusivo de los gobernantes, cualquiera lo puede desarrollar pero todos los que los desarrollan sin importar influencia habrán de padecer sus consecuencias.

Punto Final
Recuerde que ni las preferencias, ni las militancias, ni las religiones los hacen mejor persona, sus actos sí.
torrescorpus@hotmail.com




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