Tuesday 17 de January de 2017

Hierros y yerros en los centros históricos

     10 Apr 2013 03:30:00

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En lo que queda del Centro Histórico de la Ciudad de México se han perdido de la vía pública muchas estatuas y ornamentos de hierro fundido, la ignorancia de burócratas del gobierno del Distrito Federal, o de las delegaciones políticas y de los propietarios de fincas antiguas.
Como si cada hueco de algún trozo de la reja de un atrio de templo, de una estatua o de las bancas, pone chimuela la calle o la plaza, la vorágine de la rapiña ha llegado a extinguir los tapones de alcantarilla de metal, que ahora se hacen de polietileno comprimido.
La razón indiscutible de esa sin razón es el desprecio al mobiliario urbano que lo mismo permite se roben una escultura, que el aldabón de una puerta antigua o los estoperoles del portón de un templo. Se dice que, para reforzar la seguridad hay miles de cámaras, pero no sirven para frenar e ir a detener infraganti a esos gambusinos contemporáneos.
Hemos referido que hay destrozos urbanos por parte de vagos (iconoclastas sin afán ni causa) que al pasar, lastiman sólo porque sí, lo que tocan o ven, esas hordas de salvajes son iguales que las que en épocas remotas arrasaban los pueblos y los puertos, pero los peores destructores no son esos, sino los abusivos que medran con el saqueo de los adornos u ornamentos, que refieren la estética del ayer en la fundición del tiempo y que hablan de la sucesión de las etapas de una urbe añeja.
En Zacatecas no faltan historias relacionadas con piezas arrancadas, estatuas (buenas y malas) desaparecidas y también quioscos, por ejemplo, la que tuvo como protagonistas al inolvidable Federico Sescosse, quien en su calidad de verdadero protector del patrimonio monumental de Zacatecas -cuando estaba todavía invicta de agresiones mayores- retiró sin ninguna explicación, un pequeño quiosco de hierro forjado que había colocado por la mañana la Secretaría de Obras Públicas (a cargo de Jesús Gerala Félix) en la plazuela de Guadalajarita, a espaldas de Palacio de Gobierno. Federico con su chofer pasó y arrancó el quiosco y señaló, eso es Disneylandia, y tenía razón.
Regresando al Distrito Federal nos percatamos del estado de degradación en que se encuentra el antes maravilloso Kiosco Morisco. Las fotografías revelan ese peligro y hay que actuar de inmediato, exigimos al INAH intervenir aunque no ha de ser fácil respecto de quienes hostilizan el arte urbano que no encuadra con su visión interesada de la historia y la modernidad.
El Kiosco Morisco, es una estructura de hierro forjado de 126 años de antigüedad, obra de arte elaborada para la participación de México en la Expo de Nueva Orleáns celebrada en 1884, y, le llamaron La Alhambra Mexicana. Al retornar fue colocado en la Alameda Central para dicha de los capitalinos de esa época y en 1910 fue reubicado a la plaza de Santa María la Ribera, cuando Porfirio Díaz edificó el Hemiciclo a Benito Juárez.
Otra obra notable es la ecuestre del rey Carlos IV, popularmente conocida como El Caballito que da el nombre actual a uno de los espacios más bellos del Centro Histórico de la capital de la República, la plaza Tolsá, en honor del escultor.
En Zacatecas, siguiendo ese impulso la ecuestre del general Jesús González Ortega, para algunos de muy buena fábrica, estuvo en el sitio que hoy ocupa la Fuente de los Faroles en la calle de Tacuba, antes de ser ubicada en el monumento con el que se remata el acueducto, al grado de podernos preguntar: ¿el obstinado general González Ortega se merecía ese monumento? por su lealtad a Juárez, quizás; por destruir el arte sacro de Zacatecas, no. Hay quienes confunden las ideas con las piedras y con los adornos de hierro.

*Twitter: @f_javier_acuna




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