Sunday 22 de January de 2017

Holocausto

     22 Mar 2013 03:30:00

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“El concepto del mal se ensanchó al máximo con el Holocausto. No se asesinó, como había ocurrido hasta entonces, por pertenecer a un partido, defender una idea heterodoxa o profesar algún credo minoritario. En el Holocausto murieron hombres y mujeres, pero también niños y nonatos. Se les aniquiló por ser judíos, por ser.”
Esas son las palabras con las que inicia el dossier de Letras Libres de enero del presente año, dedicado a la memoria del exterminio de judíos durante régimen de Hitler. Precisamente, el 27 de enero, de 1945, el ejército soviético liberó Auschwitz, el campo de concentración más grande de los nazis.
Las páginas del dossier que he estado leyendo en estos días, están cargadas de tristeza y dolor; de imágenes desoladoras hechas con palabras, como es el caso del testimonio que dejó, antes de morir, Zalmen Gradowski, un vigilante judío que fue obligado a llevar a los miembros de su estirpe a las cámaras de gas.
Ahí describe cómo llegaban, al corredor de la muerte, camiones repletos de mujeres que eran obligadas a desnudarse. Entre porrazos que golpeaban sus cuerpos, algunas encontraban a sus hijas o a sus madres. En ese momento se abrazaban del ser querido para despedirse de él o se tomaban de las manos para ir juntas al lugar del exterminio.
Después añade: “treinta bocas infernales arden al unísono en los dos grandes edificios y engullen un sinnúmero de víctimas. No habrá de pasar mucho tiempo antes de que cinco mil personas, cinco mil mundos sean devorados por las llamas”.
Al concluir el testimonio, con desesperación Gradowski le habla al hombre libre. Le dice que si alguna vez ve cubrirse el cielo de llamas, debe saber que se consumen miles de seres humanos. Entonces lo increpa: “quizá un día su fuego caliente tu helado corazón y funda el hielo de tus manos frías, para que así puedas venir a apagarlo”.
El texto deprime, deprime mucho porque nos adentra en el sufrimiento de quienes murieron en las cámaras de gas y de quienes fueron obligados a participar en la aniquilación masiva.
Uno se pregunta cómo pudo la mente humana pensar siquiera en la construcción de esos artefactos para la pronta aniquilación de vidas. Es el ejemplo más terrible de la racionalidad instrumental.
Y todavía hay personas que niegan la existencia del Holocausto. Hace poco, Raquel Rodríguez, profesora de la Universidad de la Ciudad de México, dijo: “estaba leyendo el otro día un libro en el que dice que no es cierto que había ese gas, que fueron cosas puestas, sobrepuestas, o sea, ya hay mucha literatura que dice el Holocausto fue una gran mentira”. Palabras de una intolerante.

*Miembro del Sistema Nacional de Investigadores
bethsang@hotmail.com




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