Saturday 21 de January de 2017

Identidad perdida

     3 May 2013 04:00:00

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Los medios de comunicación nos desconciertan: estafas de millones que huyen a paraísos fiscales; personas tenidas por respetables que mienten ante los tribunales; instituciones religiosas, militares y garantes del orden público que especulan con dinero negro; clérigos que, en un Estado que garantiza la libertad de conciencia, reciben millones al año de los presupuestos del Estado incapaces de obtener la financiación de sus fieles.
Pretenden imponer sus creencias en las escuelas con cargo al erario e impartidas por quienes no han superado las pruebas a las que se someten todos los docentes ante tribunales imparciales. Las religiones deben aprenderse en los templos o en los hogares.
Vivimos un ambiente de desazón, terrorismo suicida, matanzas de inocentes, hambre y huida de millones de seres ante el silencio de gobernantes que callan ante la explotación de los habitantes del Sur sociológico mientras se les arrebatan riquezas, medios de vida y se les utiliza como mano de obra barata. Se embarga a pueblos enteros, se desprecia la diferencia cultural y la riqueza de las señas de identidad. El Norte rico necesita inmigrantes y, a los que llegan, se les margina y explota.
Pero no podemos venirnos abajo al contemplar un mundo al revés en una atmósfera de locura en la que pretenden que todo vale con tal de que produzca beneficios para unos pocos a costa de la pobreza de la inmensa mayoría.
¿Cómo extrañarse del malestar social que avanza como una marea y que amenaza con reventarlo todo ya que se extiende la conciencia de que no tenemos nada que perder que no nos hayan arrebatado antes?
Crecen la pobreza, la desigualdad, la marginación y la exclusión. Se incrementan los presupuestos para armamento, se mantienen 24 guerras vivas, se vulneran los derechos humanos fundamentales y se privilegian las relaciones con regímenes políticos que mantienen la pena de muerte, la tortura como sistema y la injusticia social como método.
Para que no nos arrastre la desilusión y se apague la esperanza podemos compartir un texto de Neruda que puede animarnos a arrimar el hombro para hacer que cada día, cada minuto se llenen de sentido porque no hemos podido haber nacido para padecer y contemplar tanta injusticia de muerte.
Porque muere lentamente quien se transforma en esclavo de la rutina, repitiendo los mismos trayectos, no se arriesga a abrirse a nuevos horizontes y no le habla a quien no conoce. Quien no se acepta como es y no actúa en consecuencia, prefiere lo ya conocido aunque mezquino a un remolino de emociones, de esas que rescatan el brillo de los ojos, transforman en sonrisas los bostezos, y en oportunidades los problemas.
Evitemos esta muerte silenciosa y aburrida, recordando que estar vivo exige un esfuerzo mayor que el simple hecho de respirar. Pero que, al fin, nos reconcilia con la vida. Cuenta Galeano que un niño de 3 años, al contemplar en el noticiero a las muchedumbres errantes y marginadas, dijo: “No saben volver a sus casas”.
 
*Centro de Colaboraciones Solidarias




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