Wednesday 18 de January de 2017

Identidades en conflicto

     19 Aug 2011 03:30:00

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En estos días en que hay un gran polémica en México, en torno a la aprobación de la Ley de Seguridad Nacional, muchos habitantes del país que no forman parte de los grupos ciudadanos, que representan a las víctimas de la violencia, ven con preocupación la falta de acuerdos entre estos grupos para impulsar una propuesta conjunta.
En realidad, esta situación no sólo era de esperarse sino que, incluso, resulta comprensible desde la perspectiva de los intereses que están más allá de la solidaridad con las familias de personas que han sido asesinadas y con quienes han padecido el secuestro, el robo, la extorsión, la violación física y emocional.
Personalmente, por ejemplo, me sorprendió mucho que en la reunión del Movimiento por la Paz, encabezado por Javier Sicilia, con Felipe Calderón, uno de sus integrantes comentara que ellos promovían la defensa de todas las víctimas de la violencia, incluyendo a los miembros de la delincuencia organizada, porque, al fin de cuenta, todos eran seres humanos.
Esta postura me recordó la noción kantiana de identidad formal, lo que en términos coloquiales significa que todos los seres humanos tienen los mismos derechos y las mismas obligaciones porque todos forman parte de la categoría “ser persona”.
Los críticos de esta idea cuestionan su alto grado de abstracción y generalización, pues el concepto se reduce al plano biológico y no da cuenta de los elementos que intervienen para que una persona pueda ser considerada como tal. Es decir, la noción de identidad formal es una noción vacía, al no especificar las características de lo que significa ser persona.
Siguiendo esta lógica, podríamos preguntarnos si pueden ser considerados como seres humanos quienes cometen fechorías inconmensurablemente bestiales y asesinan con una crueldad insólita.
Pero, además, en esta reflexión habría que incluirse la cuestión de la identidad grupal, esto es, la que aglutina a los individuos en función de las expectativas compartidas y las experiencias comunes.
Todos los movimientos ciudadanos asumen de forma conjunta la defensa de las víctimas de la violencia, pero hasta allí, acaso porque también pertenecen a otros grupos que tienen intereses diferentes en la discusión de la Ley de Seguridad Nacional.
Eso es normal, es parte del mundo de la política, pero en la vida democrática es fundamental poner las cartas sobre la mesa y no ocultarlas haciendo uso del dolor y del padecer de los mexicanos.
Javier Sicilia, por ejemplo, debiese decir, con claridad, a qué grupo político representa y no auto concebirse como la voz del sentir ciudadano en su conjunto. Al menos, en mi caso, no me siento representada por él ni quiero que hable en mi nombre.

*Miembro del Sistema Nacional de Investigadores
 




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