Monday 23 de January de 2017

Inicia la fiesta en Jerez

     24 Apr 2011 04:00:00

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  • Miguel Alonso fue acompañado por personajes del mundo político zacatecano. (Silvia Vanegas) Miguel Alonso fue acompañado por personajes del mundo político zacatecano. (Silvia Vanegas)
  • El diputado Luis Enrique Mercado participó en la cabalgata. (Fernando Camacho) El diputado Luis Enrique Mercado participó en la cabalgata. (Fernando Camacho)
  • La tradición se va heredando por generaciones a través del tiempo. (Fernando Camacho) La tradición se va heredando por generaciones a través del tiempo. (Fernando Camacho)
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Los autobuses abarrotados lo dicen: todo mundo quiere ir a Jerez. Ni siquiera el retén militar en el acceso a la ciudad consigue enturbiar el ánimo.
No es para menos, una brisa fresca y apacible recibe a los visitantes para cumplir con el dicho de la tormenta, en este caso festiva, que llega después de la calma.
El primer saludo jerezano es para un equino de nombre Valentín que se prepara para lucir su porte en la cabalgata tradicional.
Aún no es mediodía y el tráfico en las calles ya tiene invitados especiales: los carros se detienen para cederle el paso a los caballos que celebran su Sábado de Gloria.
Al acercarse al Centro comienza a crecer la buena vibra.
Caminan juntos los jerezanos, los turistas, los músicos, los que llevan su cerveza en la mano, los policías municipales... y por encima de ellos vuelan los judas.
Personal del municipio reparte volantes en los que invitan a la gente a moderarse en el consumo de bebidas embriagantes, cosa difícil, pues abundan los locales con venta de cerveza y pareciera que hay cuatro o cinco latas por cada sombrero charro, gorra y frente descubierta.

Permiso para todo
Música, música, música. Cada centímetro de la calle San Luis está lleno de música.
Los caballos bailan al ritmo de la banda, pero podría pensarse que dirigen la orquesta. Los menos diestros resbalan y caen provocando el susto de los que observan la curiosa danza detrás de las cintas de protección.
El bullicio va ganando fuerza hasta el punto de que uno habla y la voz suena como cascos de caballo o redoble de tambora. Pasado el mediodía el olor de cuadrilla comienza a proliferar.
Los caballos tienen permiso para todo y decoran el suelo con ese pasto verde y oloroso que causa respingos de nariz. No importa, un trago más a la cerveza y la fiesta vuelve al alma.
Pasado el mediodía llega la comitiva gubernamental.
Las banderas la anuncian y la duda de los últimos días se disipa: a Miguel Alonso, luego de sus primeros meses como gobernador, todavía le queda el traje de charro.
Llega a caballo y saluda como el primer charro del estado.
Luego, ya instalado en su lugar, su mensaje es el mismo que en la capital: la feria jerezana, al igual que el festival cultural, está bien resguardada.
El presidente municipal, Eduardo López Mireles, hace suyo el discurso de la calma: la Feria de Primavera Jerez 2011 es 100% familiar.
La pólvora comienza a volar por los aires y con ella llegan el humo y el estruendo; los judas explotan rodeados de personas con celulares y cámaras que toman festivo testimonio y que corren por sus vidas cuando las chispas saltan buscando cabello, ropa y piel.

Nadie se escapa
En un momento dado es imposible avanzar por la calle sin empujar. Lo mismo chocas con otra persona que con la bota de un charro o con el instrumento de algún músico.
Y la banda no deja de sonar, el bullicio no para de fluir, los botes y los vasos no dejan de venderse, hay parejas bailando en cada esquina, las risas son el único sonido común en este día.
No hay ningún refugio antifiesta en Jerez; ni los jardines escapan del jolgorio. La comida y la bebida encienden el ánimo: tostadas de trompa y shots de tequila, tacos y botes, burritos y mezcales, las combinaciones son tantas como los puestos de bebidas embriagantes.
Hasta el calor conspira contra uno. Los botes llegan hasta donde la gente está sentada, como si leyeran la sed en los rostros.
No falta nada, ni los globos ni los algodones de azúcar.
Y si uno no está vestido para la ocasión, en las aceras hay dispuestos desde sombreros hasta cintos piteados.
Ahora no sólo hay música en cada centímetro de la calle, también hay cantantes improvisados, pues la vida es mejor cantando, canta borracho canta.
Y hay belleza, para todos los gustos, aunque no para todas las preferencias.
Estamos, no hay que olvidarlo, en tierra de charros. Y aquí las flores no se compran ni se venden, se sacan a bailar con una sonrisa, se les invita una bebida, y si una dice que no, hay que volver a intentarlo.
En Jerez, la fiesta es lo único que se escucha, lo único que se piensa, lo único que se vive.
Así se entiende fácil lo que dice el encargado de la taquilla en la Central Camionera a la hora de comprar un boleto: todo mundo quiere ir a Jerez, y quedarse hasta que el cuerpo aguante.




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