Tuesday 24 de January de 2017

Intercambia mujer indígena de Chiapas roles de género

     7 Mar 2012 15:05:31

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TUXTLA, GUTIÉRREZ.- Sonriente, vestida con su traje típico tzotzil multicolor, la indígena Rosa Sántiz López señala que no sabe del Día Internacional de la Mujer, sólo de trabajar para sacar adelante a sus seis hijos.   Se trata de una indígena de 38 años, oriunda de Zinacantán, quien sostiene a su familia gracias a la elaboración a mano de textiles y a que se la pasa en la capital del estado para vender sus productos, mientras su esposo se encarga de sus vástagos en su pueblo de Los Altos de Chiapas.   Ataviada con una blusa de manta multicolor, cuyo bordado le llevó tres días, y con una elegante falda negra de lana atada con un listón celeste, la mujer resalta en medio de la multitud frente a la Catedral de San Marcos.   Allí, sin dejar escapar la oportunidad para vender una prenda más, en su lengua materna, el tzotzil, dice que nadie le paga el costo real de sus productos, pues en la compra de la tela de manta y la elaboración de una blusa con listones azules, rojos y amarillos invierte más de 30 pesos.   En compañía de su amiga María, sostiene que su producto debería tener un mayor valor, una blusa debe valer por lo menos unos 150 pesos, “pero nadie la paga, si la ofrezco así no voy a vender, por eso sólo le gano poquito”.   Mientras despacha una blusa, apunta que no sabe del Día Internacional de la Mujer, pues “yo sólo sé que tengo que trabajar para sostener a mi familia, mis hijos van a la escuela en mi pueblo, mi esposo trabaja en el campo, siembra maíz, café, algo de flores y verduras”.   “Pero te pagan muy poco, por eso tengo que hacer ropa, lo mismo que elaboro blusas, hago manteles, tapetes, ropa para juego de sala, invierto mucho tiempo para hacerlo, luego me dedico a venderlo, pero sólo gano a veces un 30 por ciento, a veces un 40, a veces 60”, detalla.   Al final de cuentas, “estoy contenta porque me ocupo, regreso a mi pueblo, veo a mis hijos, a mi esposo, pero tengo que pasar varios días a la semana para vender, me gustaría conseguir mejor precio, pero eso es imposible, aquí en Tuxtla nadie te paga más de 50 pesos”, expone.   Sale a la calle con dos bolsas de plástico de color negro en la que lleva su mercancía, una textil de calidad, no se avergüenza de portar su atuendo, tampoco de hablar su lengua, comenta que busca a sus compañeras paras no sentirse sola, el viernes o sábado va al encuentro de los suyos.   Afirma que es afortunada por ser madre, por ser indígena, por ser mujer, por ser valorada por su familia, aunque tenga que trabajar más en comparación con su esposo, porque cuando vuelve a su pueblo también colabora en el cuidado de los borregos.   Sabe que muchos indígenas, también de Zinacantán producen más ropa, tienen mayor variedad y diversidad de textil, pero han recibido crédito, subsidios y asesorías financieras.   Hay quienes venden a Casa Chiapas, hay quienes tienen producto con la denominación de origen, hay quienes dicen que están certificados, “no se qué es”, pero en mi caso, hago lo mío y estoy feliz, pues mi trabajo es el futuro de mis hijos”, indica.   En el día, Rosa obtiene de 450 a 600 pesos por sus ventas, pero le lleva 20 días producir esta mercancía.


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