Sunday 22 de January de 2017

Jesucristo instaura la verdadera religión del corazón

El Día del Señor

     26 Aug 2012 03:40:00

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  • La misericordia del Padre es transmitida mediante las palabras de amor de su hijo Jesucristo. La misericordia del Padre es transmitida mediante las palabras de amor de su hijo Jesucristo.
  • La misericordia del Padre es transmitida mediante las palabras de amor de su hijo Jesucristo. La misericordia del Padre es transmitida mediante las palabras de amor de su hijo Jesucristo.
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INTRODUCCIÓN
Con este domingo, la Iglesia nos propone continuar con las lecturas continuadas del evangelio de San Marcos. Los cinco domingos anteriores hemos meditado y sacado aplicaciones prácticas para mejorar nuestras vidas de cristianos, a la luz del sexto capítulo del evangelista San Juan acerca de la multiplicación de los  panes y peces y el discurso sobre el Pan Vivo bajado del cielo.
 
JESÚS ANTE LAS POSTURAS DE UNA RELIGIÓN CENTRADA EN PRÁCTICAS EXTERNAS
En efecto, nuestro Señor discute o polemiza con los fariseos y algunos escribas que eran de Jerusalén. La postura fundamental de esos hombres que querían interpretar e imponer una religión y un culto centrado en lo exterior de prácticas y tradiciones meramente humanas.
Diremos que se fijaban en el cumplimiento de tradiciones acerca de las purificaciones y prácticas  de pureza legal y exterior, pero sin compromiso profundo de lo interior de las conciencias ante la mirada del mismo Dios a quien querían dar honor y reconocimiento a través de esas prácticas externas y legales.
Cristo desenmascara esa postura, de una religión sin amor y sin vida auténtica, cargada de hipocresía e insinceridad. Jesús instaura una religión verdadera que sin despreciar las prácticas de fe y culto exteriores, ahonda en la interioridad de los corazones, en donde radica la identidad y el compromiso con Dios para desarrollar y testimoniar una religión de amor, fraternidad y pureza interior que exprese la conversión.
¿En qué consiste esta religión del corazón que Jesús establece? Para responder a esta pregunta crucial y comprometedora con Dios y con los semejantes que crean en él, hace referencia a las enseñanzas del profeta Isaías. Escuchemos: “¡Qué bien profetizó Isaías sobre ustedes, hipócritas cuando escribió: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. Es inútil el culto que me rinden, porque enseñan doctrinas que no son sino preceptos humanos. Ustedes dejan de lado el mandamiento de Dios, para aferrarse a las tradiciones de los hombres!”.
Jesús va completando su enseñanza. Afirma  que “nada que entre de fuera puede manchar al hombre. Lo que sí mancha es lo que sale de dentro del corazón del hombre”. De ese corazón vacío y egoísta salen las maldades y pecados que no se pueden borrar con prácticas hipócritas y externas. Jesús hace una lista de actitudes y tendencias pecaminosas que definen a los hombres malos y pecadores. Dice que del corazón  es donde salen las malas intenciones, fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, injusticias, fraudes y demás males.
 
A EXPRESIÓN DE LA VERDADERA Y SINCERA  RELIGIÓN DEL CORAZÓN
Consiste en poner fundamentalmente en práctica la palabra de Dios y sus mandamientos que se sintetizan en el amor a Dios y a los prójimos. Proceder recta y moralmente conforme a la verdad, la justicia y el bien sin confundirlos con la mentira, la hipocresía, el mal y el error.
Cosa que acontece frecuentemente entre los hombres de todos los tiempos, pero especialmente en nuestros días, en los cuales cada quien quiere hacer de su vida lo que le plazca sin referirse a Dios y su divino querer.
El corazón puro ante Dios e impulsado por su gracia de perdón y misericordia, consiste en ser honrados y rectos moralmente. Hablar con la verdad, sin desprestigiar ni difamar a nadie, en prestar sin usura y no aceptar mentiras ni falsos testimonios en contra de los inocentes.
Podemos concluir esta homilía, con un pequeño texto que propongo  tomado del “Propio de la Misa” para este mes de Septiembre que estamos ahora comenzando: “Debemos reconocer que más que lavarnos las manos o cumplir una norma externa, es necesario abrir el corazón y purificarlo, para que de ahí surjan cosas buenas, todo aquello que es grato a los ojos de Dios”.
¡Que la celebración de nuestra Eucaristía de este domingo,  nos haga más capaces y receptivos para escuchar la palabra de Dios y sus grandes exigencias de amor y de verdad para que seamos testigos del Reino de Dios con toda su riqueza de testimonio limpio y sincero y con espíritu de servicio generoso y abierto a todas las necesidades de nuestros hermanos más desamparados y que sufren pobrezas y miserias.
Que la compasión y la fraternidad, broten de un corazón, centro y sede de la verdadera y auténtica religión, que  Jesús ha instaurado.

*Obispo emérito de Zacatecas




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