Thursday 19 de January de 2017

Jesús, luz del mundo, cura al ciego Bartimeo

El Día del Señor

     28 Oct 2012 03:40:00

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  • Jesús es quien cura al enfermo y sana al dolido. Jesús es quien cura al enfermo y sana al dolido.
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INTRODUCCIÓN
En este domingo la Iglesia nos invita a llenarnos de luz que disipe las tinieblas o cegueras físicas, espirituales y morales. Toda la enseñanza de este día gira en torno a Cristo, de quien los hombres, si quieren, pueden acercarse a Él para recibir el beneficio de la luz, del gozo y la esperanza.
La triste realidad del pecado, hace que los hombres se hundan en las tinieblas de la desdicha, la frustración y el alejamiento de Dios, de quien viene siempre el don de una vida luminosa y renovada con su gracia, con la única condición de aceptar las cegueras que nos impiden reconocerle y dejando todo aquello que nos impida caminar hacia la luz, que es él, por la fe sincera, confiada y sin condiciones, y entonces, poder “ver” a Cristo como el Salvador y Luz de los pueblos (Lumen Gentium). Cristo que quiere iluminar a todo hombre, escucha el clamor de los pobres, como Bartimeo ciego quien a  la vera del camino, grita su curación y pide con fe absoluta a Jesús la visión de la cual había carecido siempre.

LA CURACIÓN DEL CIEGO BARTIMEO, SEGÚN LA NARRACIÓN  DEL EVANGELIO
Hoy escuchamos en la narrativa del evangelio de San Marcos, el grito de un mendigo ciego, que pedía limosna a la orilla del camino, por donde pasaba Jesús, acompañado de una muchedumbre: “¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí¡” .Muchos lo reprendían para que se callara, pero él seguía gritando más fuerte: “¡Hijo de David, ten compasión de mí!”.
Jesús no tardó en responder a los gritos del pobre ciego, pidió que lo llamaran. Y llamaron al ciego, diciéndole: “¡Animo! Levántate porque él te llama”. San Marcos nos da detalles de esta escena, cuando el ciego es llamado por Cristo, arrojó su manto; de un salto se puso de pie y se acercó a Jesús. Fue cuando Cristo le dijo “¿Qué quieres que haga por ti?”. El ciego le contestó: “Maestro, que pueda ver”. Jesús le dijo: “Vete; tu fe te ha salvado”. Y concluye la escena que contemplamos cuando San Marcos dice: “Al momento recobró la vista y comenzó a seguirlo por el camino”.

REFLEXIONES ACERCA DEL EVANGELIO QUE OCUPA NUESTRA ATENCIÓN
Los comentaristas a este pasaje del evangelio, nos dicen que el ciego Bartimeo, es un símbolo, de todos los hombres, que de alguna manera sufrimos  incapacidades y especialmente, las cegueras de varias clases: desde luego, las cegueras físicas, como la retinitis pigmentosa que produce ceguera total; el glaucoma que por ser presión excesiva e interna de los ojos, destruye las retinas produciendo ceguera segura, si no se atiende a tiempo; la destrucción paulatina de las máculas oculares que son el centro de las retinas y que dan visión de alta definición conectándose con el nervio óptico; y las cataratas que son producidas por la opacidad de los cristalinos o lentes oculares, etc.
Pero las cegueras más difíciles que opacan y enturbian la vida de muchos hombres, es la incredulidad, el rechazo de Dios, el orgullo y la soberbia que ciega espiritual y moralmente a muchos corazones. En muchos casos se entra en el mundo de tinieblas morales (los pecados) por hacer caso a las insidias del demonio; por los malos ejemplos, y abusos sexuales o manipulaciones de las personas por gentes sin escrúpulos y que comercian con sus hermanos en el mundo de la prostitución, etc. También la avaricia como afán inmoderado y captativo sin límites de dinero y poder.
 
CRISTO SIGUE DANDO A TODOS CURACIÓN Y  ALIVIODOS Y SIN LUZ PARA VER
En la vida cristiana, a ejemplo del ciego Bartimeo, la fe equivale a estrenar ojos nuevos para “ver la vida” bajo la perspectiva de Dios. Si Dios lo quiere, puede hacer milagros de orden físico y sobre todo de orden espiritual y moral.
La fe como don-luz de Dios para todos los hombres, ayuda a redescubrir el valor y entender la realidad personal y comunitaria de cada día con sus luces y sus sombras en medio de alegrías, pero también con retos y pruebas duras de enfermedades, carencias económicas, ignorancias insuperables que postran a muchos en la miseria y en la impotencia para actuar y superarse. Con los “ojos nuevos de la fe”, podemos ver los valores cristianos y humanos de los matrimonios, de las familias, para saber compartir y crear comunión en la concordia, la paz, el perdón y la tolerancia.

CONCLUSIÓN
Hermanos: La fe como don que Dios nos regala desde que somos bautizados, es la gran sabiduría de lo alto; es el gran tesoro por el que vale la pena sacrificarlo todo. Porque con la fe se ven las cosas, la vida y las personas con otros criterios, precisamente, los de Dios y no los del hombre terreno.
¡Hoy, desde el fondo de nuestras almas e identificados con la súplica del ciego Bartimeo que Cristo sanó a la vera del camino por donde pasaba, dejemos escapar con humildad, sinceridad y profundo arrepentimiento: “¡Jesús, Hijo de David ten piedad y misericordia de nosotros!”... entonces, Jesús también a nosotros nos dirá: “¿Qué deseas de mí?”...”¡Señor que veamos con los ojos nuevos de nuestra fe que ahora de rodillas y suplicantes te imploramos, seguros de ser favorecidos con tu amor y tu misericordia que dan luz y salvación!, ahora y para siempre”.

*Obispo emérito de Zacatecas




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