Tuesday 17 de January de 2017

Jesús se autodefine: “Yo soy el pan de la vida”

El Día del Señor

     5 Aug 2012 03:40:00

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  • Jesús es un símbolo de eterna abundancia. Jesús es un símbolo de eterna abundancia.
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INTRODUCCIÓN
En el domingo pasado hemos explicado cómo en estos domingos que estamos viviendo, se ha interrumpido la lectura del evangelista San Marcos, para dar paso a la lectura continuada del sexto capítulo del evangelio de San Juan que nos habla de la multiplicación de los panes y los peces, que ya consideramos el domingo pasado.
Ahora se inicia el largo discurso sobre el “Pan de Vida” en la sinagoga de Cafarnaúm. Allí, cuando los judíos le preguntan a Jesús: “¿Qué debemos hacer para realizar las obras de Dios?”. Respondió Jesús: “La obra de Dios consiste en que crean en aquel a quien él ha enviado”.
Entonces la gente le preguntó a Jesús: “¿Qué signo vas a realizar tú, para que lo veamos y podamos creerte? ¿Cuáles son tus obras?”. Y hacen luego referencia al milagro que Dios había hecho con sus padres en la peregrinación del desierto durante cuarenta años: “les dio pan del cielo”. Cristo, entonces, les descubre, que Moisés no fue el que les dio el pan del cielo, sino su Padre quien da el pan verdadero y duradero. Es el “pan que baja del cielo y da la vida al mundo” A lo cual la gente le contesto: “Señor, danos siempre de ese pan” y fue entonces que Jesucristo se autodefinió: “Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí, nunca tendrá sed”.
 
¿SI JESÚS SE AUTODEFINE COMO EL VERDADERO PAN QUE DA LA VIDA PERDURABLE, QUÉ SIGNIFICA ESTO PARA TODOS LOS QUE CREAN EN ÉL?
Ante todo, tener fe en que El es el “Pan de Vida”, por encima de todo alimento que es perecedero y que alimenta brevemente ante la total exigencia de vivir sano y fuerte a lo largo de la existencia de cada hombre.
Entender a la luz de la fe, que la Eucaristía, como Pan vivo bajado del cielo, puede saciar definitivamente, nuestra hambre de justicia y de paz duradera y auténtica; nos puede llenar de esperanza y amor a Dios y a nuestros hermanos sin distinción de personas.
Jesús como Pan de Vida nos da la capacidad del silencio interior para dialogar con él, conocerle cada vez más y más y de manera muy personal e íntima.
Nos ayuda a la contemplación de la revelación divina en orden a nuestra salvación.
Jesús en la Eucaristía como banquete y sacrificio nos hace crecer en nuestra participación y entrega de nuestras vidas sirviendo a Dios y a todos los hombres, especialmente los más cercanos y necesitados.
El Pan de Vida que es Cristo, fortalece y agranda nuestra comunión fraterna, aumenta el sentido de convivencia y por eso nos hace crecer en el amor a Dios y a nuestros hermanos, alcanzando con ello el equilibrio y la madurez de nuestras personas en el quehacer de cada día al cumplir nuestras tareas cotidianas.
Por último y sin querer agotar el tema, la presencia de Cristo en la Eucaristía, construye la unión de los cristianos alrededor de una misma mesa fraternal. Ayuda a tener actitudes ecuménicas para la apertura y el diálogo con los hermanos separados, pero que de hecho podemos compartir algunas verdades comunes de fe y amor, tan necesarias en su aplicación concreta para que en esta unión el mundo perciba la verdad de nuestro cristianismo. 

CONCLUSIÓN EXHORTATIVA
Pidamos a Cristo, “Pan de Vida”, que sea el centro, la cifra y la razón absoluta de nuestras vidas, en lo personal y en lo comunitario, ante las circunstancias de impiedad e incredulidad de muchos. Cristo, verdad eterna como Dios y como hombre verdadero, nos dará el regalo de poder vivir, anunciar y testimoniar con obras de misericordia, lo que está más allá de todo cálculo humano con la ayuda de su gracia de amor y misericordia, poniendo muy en alto y en práctica cotidiana las palabras de vida eterna.
“No sólo de pan vive el hombre, sino también de toda palabra que sale de la boca de Dios”. Efectivamente esta boca que habla para todos es Cristo, “Pan de Vida” que sacia toda hambre física y espiritual, que el hombre experimenta, a veces con angustia y sufrimientos, en el acontecer de nuestras vidas, consagradas para siempre a Dios para el presente y para el futuro con el gozo que llene nuestras vidas mientras caminamos, paso a paso hacia el misterio de nuestra comunión fraterna, con él y entre nosotros, en la eternidad.

 *Obispo Emérito de Zacatecas




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