Friday 20 de January de 2017

Jóvenes promueven "indocumentados y sin miedo"

Los inmigrantes han decidido dejar de ocultar su situación migratoria

     21 May 2012 04:00:00

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  • Los inmigrantes invitan a los indocumentados a no tener miedo por su situación legal. Los inmigrantes invitan a los indocumentados a no tener miedo por su situación legal.
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WASHINGTON, DC.- Era delgadita y tenía un aspecto tembloroso y vulnerable. Tenía apenas 15 años y había llevado ya una vida llena de penurias desde que perdió a su madre a los 5 años y cruzó el desierto con su padre. Pero empuñó el micrófono con determinación para hablar ante los congregados en la plaza de Union Square en Nueva York.
“Mi nombre es Diana”, dijo. “Soy indocumentada y tengo miedo”. Con esas palabras, otra joven decidió “destaparse”.
El movimiento comenzó hace varios años, con timidez, casi furtivamente, con unas reducidas concentraciones y unas pocas camisetas llamativas, lo que animó a miles de jóvenes, aterró a sus padres y puso en una incómoda posición a las autoridades, que no sabían cómo reaccionar.
Desde California hasta Georgia y Nueva York, los hijos de familias que residen ilegalmente en el país “se destapan”. Desfilan tras carteles con lemas como “indocumentados y sin miedo”, protagonizan sentadas en oficinas federales.
Al “destapar” a sus familias y al hacerlo ellos, saben que pueden ser deportados.
Sin embargo, y pese a que los estados aprueban leyes cada vez más severas contra la inmigración ilegal -y los detractores tildan a sus padres de delincuentes- estos jóvenes sostienen que no les queda otra alternativa.
Incluso personas que ven su causa con benevolencia sostienen que el Gobierno Federal no ha logrado garantizar la inviolabilidad de las fronteras estadounidenses y que es demasiado costoso brindar enseñanza, cuidados médicos y otros servicios públicos a los extranjeros que están en el país ilegalmente.
Afirman que concederles la ciudadanía porque eran niños cuando entraron ilegalmente en el país premia a los padres que violaron la ley.
Con todo, algunos jóvenes se “destapan” públicamente para describir su situación.
Dicen que se sienten estadounidenses por más que residan ilegalmente en el país. “Destaparse fue como quitarse un peso de encima”, dijo Angy Rivera, de 21 años y residente en Nueva York, aunque nacida en Colombia.
Rivera participa en el Consejo Juvenil de Liderazgo de Nueva York, que imparte entrenamiento para “destaparse”, presiona a los legisladores en Albany y tiene una página en la internet con información y consejos prácticos para los jóvenes sin papeles.
Es una de las muchas organizaciones que han florecido en todo el país para ayudar a los jóvenes a evitar la deportación.
“Cundo desafiamos el sistema, el sistema no sabe qué hacer con nosotros, sostiene Mohammad Abdollahi, miembro de la Alianza Nacional de Jóvenes Inmigrantes.
Abdollahi, de 26 años, llegado de Irán a los 3 años, es gay y no puede regresar a su país, donde la homosexualidad es un delito punible con la cárcel o la pena capital, argumento que saca a relucir en cuanto es amenazado con la deportación.
Según El Consejo Estadounidense de Inmigración, unos 2.1 millones de jóvenes podrían beneficiarse con la DREAM Act. Unos 65 mil estudiantes sin papeles se gradúan anualmente de las escuelas de preparatoria en Estados Unidos.
Su trato varía de estado a estado, 13 permiten a los jóvenes sin papeles matricularse en la universidad al mismo precio que los residentes legales. Y tres -Texas, Nuevo México y California- les permite recibir becas gubernamentales.
Sin embargo, solamente una ley federal puede otorgan a los extranjeros sin papeles la tarjeta verde por lo que incluso los que logran graduarse quedan en un limbo: abogados, ingenieros y maestros que sólo pueden ejercer empleos modestos, igual que hicieron sus padres por no tener papeles.
El malestar con esa actitud -tratarlos como delincuentes- es uno de los motivos del movimiento y atrae a nuevos reclutas.
En Sanford, Carolina del Norte, Cynthia Martínez muestra su indignación con un sistema legal que la acosa tanto que adquirió un boleto de ida a México con la esperanza de encontrar la forma de regresar legalmente al único país que ha conocido.
“Si vas a hacerlo (destaparse) ¿por qué no hacerlo a lo grande?”, comenta su hermana mayor, Viridiana, una activista del movimiento. Y por ello, en marzo, con una camiseta que rezaba “indocumentada y sin miedo”.
Y en Nueva York Alejandro Benítez acompañó a su hijo, Rafael, en marzo a una marcha de “destape”. El padre sacaba pecho con orgullo al ver cómo su hijo de 16 años decía a los congregados en Union Square que era un “indocumentado, sin miedo y sin excusas”. Benítez nunca había visto a este muchacho reservado y callado, que espera estudiar ingeniería, tan animado o tan seguro.




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