Wednesday 18 de January de 2017

Juan Manuel de la Rosa

     27 Jul 2012 04:00:00

A- A A+

Compartir:
Obra de Juan Antonio de la Rosa en la UAM. (Foto: Cortesía)
Obra de Juan Antonio de la Rosa en la UAM. (Foto: Cortesía)

La magia del desierto atraviesa de cabo a rabo la geografía simbólica de Juan Manuel de la Rosa (“El desierto y su corazón flotante”,  Galería Metropolitana-UAM, 2005).

La magia del desierto atraviesa de cabo a rabo la geografía simbólica de Juan Manuel de la Rosa (“El desierto y su corazón flotante”, Galería Metropolitana-UAM, 2005).
Tan acostumbrado a la soledad y a la desolación, transforma su espacio natural en fuente inagotable de señas y signos, rasgos y gestos. Instrumentos de expresión que trascienden por su parquedad y silencio, con independencia de la técnica que frecuente: la pintura, el dibujo, la estampa, la confección de arte objeto, la elaboración de libros o la escultura.
Estética de la serenidad y la escasez que rehúye los artificios del minimalismo, concentrándose en la objetividad de su fábrica, privilegiando el uso de técnicas y materiales tradicionales.
Cuando afirmo que resulta ajeno al empeño por eliminar “mundo y capas de realidad”, ese ejercicio por despojarse de lo accesorio y ornamental, lo asumo como una dimensión natural, no pensada, de su forma de ser, de esa vocación por lo baldío y lo yermo, que no siempre suelen coincidir con lo estéril e infecundo.
En su caso, la aridez se muestra opulenta, pues el artista, en calidad de expedicionario, es un coleccionista de casi nada, sujeto que rescata trozos de humildad: minerales erosionados (óxidos y sulfuros complejos de plomo, zinc y cobre, con pequeñas cantidades de plata y oro), vidas microscópicas dueñas de notoria intensidad venenosa, amén de un bestiario respetable en el que destaca el coyote, la liebre, el jabalí y el águila real, fragmentos de hueso o de madera, alguna cactácea de belleza proverbial, la presencia cicatera de huizaches y mezquites, y la más soberbia fracción de la bóveda celeste, horizonte cuajado de estrellas.
Visto así, a detalle, con la paciencia del laboratorista, el territorio que lo vio nacer, Sierra Hermosa, Villa de Cos (1945), se colma de habitantes y misterios por descubrir; y se alza a modo de “Edén discreto”. Juan Manuel de la Rosa será el más acucioso de sus cronistas: auténtico señor del desierto.
En apariencia el compositor procede por acumulación, recolectando formas, grafías, representaciones, caracteres, volúmenes, que adosan o encarnan objetos.
Esta suerte de bodega de las ilusiones exige que sus “tesoros” (la suma de gangas depositadas en el almacén) sean cribados, depurados, analizados, con el propósito de fundar o forjar un abecedario visual.
 De esta manera, el estilo del artista zacatecano depende en mucho de la capacidad de reutilización objetual que le ofrece su mirada: ver y rescatar, observar y reparar, mirar y recobrar.
Trasposición de imágenes, descontextualización de fragmentos, superposición de aplicaciones que fundan un tipo de trabajo de intensidad en el uso de materiales: capas y capas de pintura o tinta, enlucidos, terminados al pañete, empleo de espátulas, flores de lechuguilla, pinceles; aplicación de hoja de oro, encáustica; ministerio de papel, con esa su característica maestría oriental a la que se le ha sacado excepcional provecho en el proyecto colombiano de Barichara (“Las nubes vegetales de Barichara” y “Barichara, lo visible de lo invisible”, 2002, Colombia, Venezuela, Zacatecas), por enlistar algunas estaciones significativas de su proceso artístico.
Sin importar los formatos y superficies, lienzos, metales preciosos, tablones o leños, capullos de lino, biombos de papel, mosaico veneciano, minerales, la ejecución de Juan Manuel de la Rosa se distingue por su dilatada capacidad de integración: del espacio y los objetos; de las prácticas, usos sociales y los contenedores plásticos o constructivos; de los ingredientes, masas y elementos misceláneos que son resignificados al asignárseles funciones, usos, marcaciones, particulares.
Como si su propósito consistiese en intervenir el espacio, postularlo en más de un sentido, apropiárselo para dotarle una escala humana, con la expulsión del dolor y su cauda de efectos perniciosos, tal cual se percibe y se complace en los confines del Hospital General de Fresnillo y de la estrategia de intervención denominada “El sueño del desierto” (2003).
Creador insólito que renuncia al protagonismo para cumplir de gozne entre un sinfín de personajes y escenarios: los canteros y los orfebres, los recolectores de los frutos rocosos del páramo (cuarzos, jadeitas y hematites), esos guijarros que los chinos nombran “huevos de dragón”.
Los fundidores y los ebanistas, los enfermos y sus familias, además de sus modernos curanderos; la cordillera de Jerez y un signo paradójico capaz de advertir que la sanación es posible, que la muerte es burlable o soslayable, que las convalecencias pueden conquistarse en paz y plenitud, que el arte no es cáscara que envuelve lo pétreo del inmueble sino su piel, adherida desde dentro, rostro de sus vísceras, barniz de sus huesos.
Pero -sobre todo- que esta operación mágica, llamada integración plástica, se torna realidad tangible porque arranca desde lo profundo, rasgando los materiales para anunciarse al modo de las revelaciones: sin aspavientos, con la naturalidad del milagro, mediante la exactitud y la levedad conscientes de que nada sobra o deviene superfluo.
La misma sorpresa nos pilla ahora que en un tablero anidó su imaginería, joyas sin sentido que moduladas en acero inoxidable, moran con curiosidad en lo que fuera una pequeña plaza ciega que estaba allí en calidad de remanente.
Logra algo especial, pues incluso una pieza se “fugó” de su soporte para servir de banca.


 




Lo más leído
Aplicaciones


Servicios
$ Dolar
Compra 21.58
Venta 22.08
€uro
Compra 23.00
Venta 23.5

Multimedia



©Todos los derechos reservados
GRUPO EDITORIAL ZACATECAS, S.A. DE C.V.- De no existir previa autorización, queda expresamente prohibida la Publicación,
retransmisión, edición y cualquier otro uso de los contenidos de este portal.




Aviso de privacidad