Friday 20 de January de 2017

Julian Assange

     22 Aug 2012 04:00:00

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Anda el mundo tan de cabeza que abundan quienes ven en la profanación de la catedral de la Iglesia Ortodoxa rusa una manifestación de la libertad de expresión y no un ultraje al credo de más de 124 millones de creyentes.
Tres roqueras punk que se desgañitaron el pasado 21 de marzo en el altar mayor de la iglesia del Cristo Redentor interesan más a los monopolios mediáticos que el asedio de Gran Bretaña a la embajada de Ecuador en Londres, donde permanece asilado el periodista Julian Assange, fundador del sitio Wikileaks, quien reveló documentos secretos de Estados Unidos sobre atropellos contra soberanías nacionales y su contubernio con dictaduras violadoras de derechos humanos, entre otras diabluras con empresas transnacionales y sus aventuras bélicas en Irak y Afganistán.
Pero las punketas rusas marcaron la hora de desgarrar vestiduras cuando fueron condenadas a dos años de cárcel por escandalizar durante la misa en la catedral ortodoxa. Encapuchadas, vestidas de mallas y con irreverentes acciones cantaron: “Madre de Dios, echa a Putin” (Presidente de Rusia).
Nadishda Tolokonnikova (22), Maria Alyokhina (24) y Yekaterina Samutsevich (30), están tras las rejas por “vandalismo y odio religioso y político”, según dictaminó un juez. Pena severa rechazada incluso por la misma Iglesia Ortodoxa, que dio su perdón a las blasfemas y solicitó al tribunal tratarlas con clemencia.
De inmediato Amnistía Internacional -organismo generalmente proestadounidense- saltó a la palestra para declararlas “presas de conciencia”.
El sainete antirruso ocurre justamente cuando Gran Bretaña amenaza con asaltar la embajada de Ecuador para “capturar” a Assange y extraditarlo a Suecia, que después lo entregaría a Estados Unidos, donde podría ser condenado hasta a prisión perpetua o muerte por revelar secretos.
La Casa Blanca quiere dar un castigo ejemplar al periodista australiano para que el mundo sepa lo que puede pasarle a quien se atreva a divulgar información que dañe las relaciones imperiales y colonialistas de la mayor potencia global, que ahora mismo se apresta a atacar a Siria, cuyo gobierno es adverso a sus planes de dominación y expansionismo.
El caso de Assange es una agresión concertada a la libertad de expresión global. En buena hora Rafael Correa, presidente de Ecuador, decidió valientemente asilar al periodista, pero el gobierno británico se niega a darle un salvoconducto para salir de Londres.
Las punketas del grupo Pussy Riot ameritan, más que cárcel, compasión y acaso una multa, pero que no se invoque a su favor la libertad de expresión; olvidaron que su libertad termina donde comienza la libertad religiosa y nadie puede atentar contra una Iglesia Ortodoxa con más de mil años de existencia.
Julian Assange, adalid de la libre expresión y del derecho de las naciones a la información, no debe caer en manos de Estados Unidos.

*Periodista ricgomm@hotmail.com
 




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