Monday 23 de January de 2017

Justicia, no venganza

Referencias

     28 Sep 2011 04:00:00

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Hace unos meses, cuando fuerzas estadounidenses consumaron el asesinato de Osama bin Laden, el presidente Barak Obama, consternado por la emoción, anunció el éxito de la misión de un puñado de héroes -a la americana- que había dado muerte al líder guerrillero. Se ha hecho justicia, proclamó al mundo.

El asesinato convertido en justicia
En México ese concepto de la justicia de Obama tiene ya seguidores, sobre todo en los ámbitos judiciales y de la seguridad, donde gente como el gobernador de Veracruz, Javier Duarte, ve con desdén que el número de víctimas de la violencia relacionada con el crimen organizado se eleva a saltos cada día.
Cuando la pasada semana en una céntrica vialidad de Boca del Río, Veracruz, fueron tirados 35 cuerpos de personas asesinadas, el mandatario estatal aseguró que los muertos eran miembros del crimen organizado, falsa aseveración que cayó cuando algunos cuerpos fueron identificados.
Sin embargo, la tragedia sirvió para que el señor Duarte evidenciara claramente la ruindad de su pensamiento. Sugirió que la sociedad no debería alarmarse, porque las víctimas eran delincuentes. Según esa lógica, si entre grupos de mafiosos se matan, está bien. Deduciríase que entonces se trata de una limpieza social.
Lo peor es que el mismo pensamiento lo comparten las principales autoridades federales de seguridad pública, incluso el mismo Presidente de la República, Felipe Calderón Hinojosa.
Hay en todo esto un mar de fondo, difícilmente abarcable en el poco espacio de estas dos columnas de texto, pero intentemos el análisis, aunque sea superficial.
Según sus dichos, para algunos jefes de las fuerzas armadas no es preocupante que a diario haya decenas de muertes, si las víctimas pertenecen a los cárteles de la droga. Son ellos quienes creen que el mejor delincuente es el delincuente muerto.
A ese pensamiento o a esa insensibilidad los ha llevado una larga guerra que ya arroja más de 50 mil víctimas, entre estas muchos delincuentes, muchos policías, soldados, marinos y funcionarios, y también, muchos civiles inocentes: niños, adolescentes, jóvenes, padres de familia.
Algunos han caído por el fuego cruzado entre cárteles o en enfrentamientos entre pandillas y fuerzas armadas del estado. Otros, simplemente, “por error” han sido baleados por soldados, marinos o policías federales.
Pero todos, sin excepción, incluidos delincuentes y capos, son seres humanos que no debieron morir en esas circunstancias. Toda vida humana merece respeto porque es sagrada.
Exigir respeto a las leyes y los derechos humanos, deben aceptarlo esos funcionarios insensibles que no se conmueven ante el alud de muertes, no es defender a los delincuentes, sino demandar que impere la justicia, el estado de derecho sea restaurado y el asesinato como venganza no se convierta en recurso de defensa social.

*Periodista
ricgomm@hotmail.com
 




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